Cover Image
close this bookDIRDN - Informa - Número 11, 1997 (DIRDN)
close this folderTema de fondo
View the documentLa campaña en algunos países
View the documentEl agua: demasiada... o poca... la principal causa de los desastres naturales
View the documentRegresa "El Niño"
View the documentNueva conferencia en Internet

El agua: demasiada... o poca... la principal causa de los desastres naturales

Los terremotos y volcanes se sitúan entre los mayores peligros naturales. Sin embargo, si consideramos que los desastres relacionados con el agua son los que afectan más cantidad de personas y que causan más daño que cualquier otro desastre, quizás es el momento de centrar nuestra atención en las pérdidas socioeconómicas asociadas con las inundaciones y las sequías, principales desastres causados por el agua.

Este año, la Campaña Mundial para la Reducción de Desastres se centra en el impacto socioeconómico de los desastres relacionados con el apara.

Los datos son alarmantes, según el último Reporte Mundial de Desastres, de la Federación Internacional de la Cruz Roja y Media Luna Roja, en 1996 cerca de 60 millones de personas fueron afectadas por inundaciones y otras 60 millones por sequías; cantidad que supera al total de víctimas de cualquier otro desastre.

Las sequías se colocaron a la cabeza en cuanto a pérdidas humanas; cerca de 74.000 muertes fueron reportadas por esta causa. Este fenómeno tiene una mayor duración y afecta mayores áreas de extensión; mientras que en las inundaciones se puede evacuar la zona de peligro.

Los desastres son, en gran medida, problemas no resueltos del desarrollo. En el caso de aquellos causados por el agua, los patrones del desarrollo que ignoran el manejo sostenible de este recurso exponen a las comunidades a riesgos de inundaciones y sequías. Es difícil determinar cómo los humanos están alterando el ciclo hidrológico. No obstante, algunas relaciones entre el ambiente, el desarrollo y los desastres son claras.

En áreas urbanas, por ejemplo, el uso de concreto ha variado la capacidad de la tierra de absorber agua, facilitando inundaciones relámpago. Menos sistemas apropiados de drenaje y zonas verdes, más calles pavimentadas y una planificación inadecuada de las ciudades, es lo que las hace más vulnerables a las inundaciones.

De igual modo, el mal manejo de la tierra hace que las sequías y la desertificación vayan en aumento. La causa principal de la desertificación es el exceso de terrenos dedicados al pastoreo, junto con la deforestación, el sobrecultivo y el pobre drenaje en los sistemas de irrigación; todo lo cual degrada también la calidad del apara, ya que estos procesos aceleran la erosión y reducen la reserva de agua. Según el Reporte de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas (1996), la desertificación afecta a un cuarto de la tierra del planeta (3.6 billones de hectáreas), y esto cuesta cerca de $42 billones por año debido a la pérdida de productividad. Más de un 80% de las tierras áridas están en Africa (37%), Asia (33%) y Australia (14%).

En este contexto y considerando además que la demanda mundial de agua está creciendo con rapidez, las escasas fuentes de agua que tenemos deberían ser utilizadas de manera más eficiente. Actualmente, 20% de los 5.700 millones de habitantes del mundo carecen de suministro confiable de apara. En ciudades de países en desarrollo, solo cerca del 5% del desperdicio industrial y humano es tratado, los conductos de agua son viejos y no reciben mantenimiento y cerca del 50% del agua se desperdicia mediante fugas. Aún en países desarrollados, 25% del apara se pierde del mismo modo.


Los suelos de las regiones tropicales no siempre son aptos para absorber grandes cantidades de agua, debido a la erosión causada por multiples factores.

De acuerdo con datos de la Organización Mundial Meteorológica y la UNESCO, menos del 1% del agua en el mundo es utilizable y dos terceras partes del suministro es desperdiciado.

Desgraciadamente, los desastres no conocen fronteras. Las cuencas hídricas atraviesan por lo general varios países, por eso, la cantidad de agua que se extrae de un río, la canalización y el tratamiento de los deshechos deberían ser problemas de orden regional y no local. Existen también fenómenos climáticos importantes, como el del Niño y el calentamiento planetario, que tienen repercusiones internacionales obvias. Por esta razón, la cooperación regional es quizás el factor más importante para reducir el impacto de los desastres causados por el apara. Si esto no ocurre posiblemente la consecuencia sería un aumento en las inundaciones y sequías.

Entre 1992 y 1997, de acuerdo con la Oficina de Asistencia en Casos de Desastres en el Exterior (OFDA/AID) ocurrieron ochenta desastres de gran magnitud en América Latina y el Caribe, asociados con fenómenos naturales o fenómenos producto de la alteración del medio ambiente natural. De estos, la gran mayoría fueron inundaciones o huracanes. El desastre que provocó mayor desgracia humana fue el huracán Gordon en Haití (1994), donde murieron más de mil personas, 87 mil quedaron sin vivienda y 1.5 millones resultaron afectados en algún grado.

En total, durante ese período, los grandes sucesos registrados cobraron la vida de cinco mil personas y afectaron a más de seis millones. En cuanto a los desastres hidrometeorológicos, se estima que el número de víctimas no fue mayor porque éstos azotaron principalmente zonas con bajos niveles de población y a aquellos países con mejor preparación para enfrentar este tipo de fenómenos. La ausencia de muertos por el huracán Lili, en Cuba (1996), por ejemplo, es una muestra de la eficacia de la preparación en este país, donde se evacuaron con anticipación cientos de miles de personas y cabezas de ganado. A diferencia, existen otros casos, como el impacto indirecto (lluvias) del huracán Gordon en Haití, donde la mortalidad se asocia con la ineficiencia en los sistemas locales de alerta y evacuación. Sin embargo, la tendencia generalizada es que los sistemas de monitoreo y alerta temprana son cada vez más eficientes a nivel local, lo que indica la disminución de muertos por estos fenómenos, como el caso de las inundaciones en la costa Atlántica de Costa Rica de 1997.


El trabajo preventivo de todos los miembros de la comunidad, puede salvar muchas vidas humanas y evitar grandes pérdidas materiales.

Dentro de las causas de muerte, el problema de los deslizamientos, avalanchas o derrumbos asumió una importancia destacada durante este período. Generalmente asociados con condiciones extremas hidrometeorológicas y la sobresaturación de los suelos, muchos de estos fenómenos se agravan por el mal manejo ambiental y la deforestación de muchas zonas de alta densidad poblacional (rural y urbana).

Por su parte, las sequías tienden a tener un impacto más lento en las condiciones de salud debido al efecto que muestran en la oferta alimentaria de las poblaciones afectadas y en la disponibilidad de agua potable. La sequía que afectó Perú en 1992, con grandes pérdidas agrícolas, estimadas en 300 millones de dólares, afectó a más de un millón de personas; mientras que en Bolivia, la sequía de 1994 afectó seriamente a 50 mil pobladores de la ciudad de Potosí.

El fenómeno de la sequía urbana se perfila como un problema futuro de importante dimensión debido al agotamiento y contaminación de acuíferos y fuentes superficiales de apara que abastecen a grandes concentraciones de población.

Todo lo anterior sugiere la necesidad de una cuidadosa atención a la concientización, sistemas de monitoreo y alerta temprana, medidas de mitigación y los preparativos ante este tipo de situaciones.