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¿La solución africana o la vuelta al pasado?

La agenda de la Fundación Sasakawa es ambiciosa pero algunos críticos recelan del planteamiento

Por Polly Stroud

Parece un milagro: un destacado filántropo se une con un ex presidente de los Estados Unidos y con el “padre de la Revolución Verde” para luchar contra el hambre en Africa. Con la bendición del Banco Mundial y la cooperación de los organismos de las Naciones Unidas y de importantes instituciones de investigación, la Fundación Sasakawa, Jimmy Carter y Norman Borlaug llevarán el desarrollo agrícola al continente más pobre y más hambriento del planeta a través del Proyecto Global Sasakawa 2000, conocido como SG 2000.

Este proyecto tiene como objetivo transferir a Africa la esperanza que la Revolución Verde dio a Asia en los años sesenta, y más tarde a América Latina, con la introducción de variedades nuevas y de alto rendimiento de trigo y arroz.

Los críticos, sin embargo, temen que el programa también resucite muchos de los graves problemas originales de la Revolución Verde, de los que sólo se supo cuando ya se habían alabado, con notable publicidad, los éxitos iniciales en los años sesenta y setenta.

Nadie niega que entre esos éxitos hay que contar resultados espectaculares. Los países deficitarios de alimentos no sólo se acercaron al autoabastecimiento de productos básicos sino que fueron capaces de embarcarse en ambiciosos programas de desarrollo comercial e industrial que han convertido a los una vez países en desarrollo, como es el caso de Corea del Sur, en poderosas economías. Invocando el modelo asiático en un taller del SG 2000 en Arusha, Tanzania, en 1991, Donald L. Plucknett, consejero científico del Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (GCIAI), señaló que la Revolución Verde “mostró que la inversión nacional en investigación agrícola y desarrollo puede dar grandes dividendos. Los países asiáticos empezaron a ir adelante teniendo como motor de crecimiento lo obtenido con la productividad agrícola”.

“Creemos que, en efecto, la Revolución Verde de Asia puede realizarse en Africa”

Pero los críticos, hablando con el beneficio del conocimiento interno, cuestionan el planteamiento básico de la empresa africana: dicen que es jerárquica en lugar de participativa, promueve fertilizantes químicos - difíciles de transportar - y pesticidas, a veces en cantidades muy por encima de las máximas recomendadas por la FAO, y hace que los agricultores se tengan que basar demasiado en semillas híbridas comerciales. Señalan una pérdida de las variedades en la resistencia a las enfermedades y un aumento de la amenaza a la biodiversidad. También afirman que el programa está elaborado de tal forma que beneficia principalmente a los agricultores “ricos” y advierten de las serias consecuencias que los fertilizantes químicos pueden tener sobre el suelo africano.


Artículo de Cárter aparecido en la publicación Africa’s Agricultural Development in the 1990s: Can It Be Sustained?, del Global 2000


Figura

En defensa de las metodologías

Yohei Sasakawa, hijo de un rico armador japonés y de la filantrópica Ryoichi Sasakawa, y presidente de la fundación creada por él en 1962, ha reconocido el escepticismo existente en tomo al SG 2000 pero según él no es merecido. En un discurso a un taller de trabajo realizado en 1993 en la localidad de Cotonou, Benin, el joven Sasakawa dijo: “aunque soy consciente de que nuestra metodología podría parecer algo pasada de moda a algunos, quiero decir con claridad que la Fundación Sasakawa apoya totalmente el punto de vista y la estrategia del doctor Borlaug para modernizar la producción alimentaria. Creemos que muchas de las lecciones de desarrollo agrícola de la Revolución Verde en Asia pueden de hecho también aplicarse en Africa. Además, sabemos - como lo saben los agricultores que cooperan con nosotros - lo que es posible lograr, especialmente si buscamos soluciones valientes que puedan mejorar radicalmente la productividad de los campesinos agricultores”.

El SG 2000 nació como consecuencia de la hambruna que asoló Sudán y una veintena más de países africanos en 1983-84. Como otras organizaciones de caridad en el mundo, la Fundación Ryoichi Sasakawa de la Industria Armadora Japonesa suministró alimentos de emergencia a los hambrientos africanos. Fue entonces cuando Sasakawa empezó a pensar en soluciones a largo plazo y en 1984 contactó con Borlaug para estudiar las posibilidades de aplicar la Revolución Verde en Africa. En 1985 una treintena de científicos y personalidades - entre ellas el ex presidente Jimmy Carter - mantuvieron una reunión en Ginebra.

“Una de las cosas más interesantes que me han sucedido en la vida es haber entablado relación con el señor Ryoichi Sasakawa y su hijo, Yohei, y mi héroe de la agricultura, economía y paz, el doctor Norman Borlaug”, diría después Carter.

El Centro Presidencial Carter, con sede en Atlanta, Georgia (Estados Unidos), que participa en proyectos como el seguimiento de guerras, la promoción de procesos y sistemas democráticos, la vacunación de niños y la erradicación de la filaria en el mundo, se convirtió en socio del programa y de esa forma entró en acción el SG 2000. Sus primeros proyectos se llevaron a cabo en Sudán y Ghana a principios de 1986 y más tarde se extendieron a Tanzania, Togo, Benin, Nigeria, Etiopía, Mozambique y Zambia. El trabajo se lleva a cabo bajo la protección de la organización sin ánimo de lucro Global 2000, que forma parte del Centro Cárter, la Asociación Sasakawa Africa, de la que Borlaug es presidente, y la empresa comercial Pioneer Seed Company.

Aunque los programas no son idénticos en todos los países, comparten sin embargo “elementos filosóficos y programáticos comunes”, tal y como señaló Borlaug durante el taller de 1991: “primero, todos los proyectos se centran en mejorar la productividad de los productos básicos que cultivan los campesinos (hombres y mujeres) en pequeña escala. Segundo, seleccionamos los países donde sabemos que se ha producido investigación e información suficientes sobre los productos apropiados para los agricultores en pequeña escala pero que no les han llegado por diferentes motivos. Tercero, los proyectos son pequeños, tanto en lo que a personal como a recursos financieros se refiere. Se contrata para cada proyecto del país a dos o tres científicos internacionales que trabajan con personal nacional en organizaciones de investigación y extensión”.


Los investigadores han encontrado una increíble variedad de trigo indígena en una pequeña parcela etíope

Foto de Riccardo Ramirez

Centro de demostración

El programa se centra en la demostración tecnológica de alto potencial en tierras agrícolas, regadas con agua de lluvia, para probar que un rápido y sustancial incremento de la producción alimentaria es posible si el gobierno toma las decisiones políticas apropiadas; asimismo se capacita a extensionistas para que puedan realizar el trabajo una vez concluido el programa.

Se recomienda lo que Borlaug califica de “uso moderado de los fertilizantes químicos para restituir la fertilidad del suelo junto con variedades mejoradas y métodos agrícolas más óptimos para que los agricultores puedan obtener mejores beneficios de sus inversiones”. En algunos países los agricultores reciben el fertilizante necesario del primer año en créditos pagaderos tras la cosecha. Los agricultores de los pueblos de Etiopía donde se puso en práctica el proyecto, sin embargo, tuvieron que pagar el 50 por ciento de los costos de las semillas, los fertilizantes y otros insumos al momento de la entrega.

“El programa no depende de una mecanización cara”, señaló Cárter en el taller de trabajo de Benin, “de hecho, la mayoría de los agricultores de este programa todavía plantan maíz, sorgo, trigo o mijo con sus propias manos y una azada. Pero sus rendimientos tienen un promedio tres veces superior al de sus vecinos si siguen los consejos y métodos científicos del doctor Borlaug”.

El pasado mes de noviembre el Banco Mundial entró a formar parte del SG 2000 en un intento de extender todavía más el programa. “Nuestra organización SG 2000 posee una gran flexibilidad para diseñar y probar nuevas iniciativas a escala piloto mientras que el Banco Mundial puede financiar las inversiones más cuantiosas a largo plazo necesarias para fortalecer a las instituciones gubernamentales africanas”, señaló Borlaug en una conferencia de prensa en Washington.

Tras casi una década en funcionamiento, el SG 2000 puede probar un éxito considerable a la hora de demostrar que los agricultores que cuentan con semillas mejoradas y están capacitados en el cómo y dónde labrar, plantar y fertilizar, consiguen un aumento radical de sus rendimientos. En Sudán, que está al borde de una guerra civil, la producción de trigo se cuadruplicó en tres años y siguió más o menos estable durante la sequía y durante la escasez de fertilizantes.

Sin embargo, también se han producido errores. El primero y más grave tuvo lugar en Ghana en 1989, donde el programa de campo pasó de contar con 16000 parcelas de producción en prueba a 80000, después de lo cual fracasó estrepitosamente.

En una evaluación de los errores, se informó en el taller de Tanzania que la experiencia de Ghana “demuestra lo que puede ocurrir cuando se lleva hasta el extremo el optimismo sobre las posibilidades de acelerar la producción alimentaria. (...) las parcelas se transformaron de una actividad demostrativa de capacitación a un programa de producción comercial. Esto puso en una situación insostenible a los agentes de extensión que eran responsables de gestionar la distribución de los insumos y de la consiguiente recolección de los préstamos, además de sus tareas puramente educativas. El resultado, según un equipo que revisó el proyecto a principios de 1991, fue un promedio muy alto de impago de los préstamos de los agricultores participantes. Más de 50000 de las parcelas de 1989 fueron financiadas por el Ministerio de Agricultura y por muchos otros bancos del sector público, por lo que el alto índice de impagos tuvo también un efecto brutal sobre los funcionarios del ministerio y el personal del SG 2000”.

En 1990 el programa redujo las parcelas hasta 17000 y se convirtieron, de nuevo, en vehículos de demostración tecnológica.


Transporte de agua en Cabo Verde

Foto FAO por M. Marzot

Críticas a la sostenibilidad

El taller de trabajo concluyó que a pesar de “las inoportunas consecuencias de los errores de 1989”, el SG 2000 tuvo “efectos positivos” en Ghana, que “en un período de cinco años, la producción nacional de maíz aumentó un 40 por ciento” y que el programa “abrió nuevos horizontes a miles de pequeños productores”.

Escribiendo varios meses más tarde para la publicación del ILEIA, Elsie Ayeh, de la estación agrícola Garu, en Ghana, estaba de acuerdo en que el programa había ayudado a aumentar el rendimiento de los agricultores a corto plazo, “pero”, señala, “¿no debería establecerse su sostenibilidad a largo plazo?”.

Una de las mayores preocupaciones de Ayeh era que el programa diera la impresión de que los insumos externos “son los únicos y los más efectivos” que pueden usar los agricultores. “No se han esforzado en estudiar la zona, por ejemplo los suelos y los recursos locales disponibles que podrían servir para la misma finalidad”, dice para añadir que se hizo creer a los agricultores que tenían que utilizar plaguicidas comerciales caros en lugar de los preparados localmente a costo nominal. “Los plaguicidas comerciales cuestan 30000 cedis (unos 30 dólares) por galón”, señala, “sólo se necesitan 80 cedis (0,08 dólares) de jabón para elaborar el insecticida de nim (Antelaea azadirachta) para rociar la misma área de tierra que un galón de plaguicida comercial. Pero los agricultores sólo sabían lo primero”.

Lo mismo puede decirse del fertilizante, afirma Ayeh, “pregúntele a un agricultor de Bawku oriental (demostración) cuál es el insumo más importante y le dirá que es el fertilizante”. Sin embargo, añade que la región ofrece un pienso más que adecuado y “los agricultores del sur todavía producen lo suficientemente bien sin depender tanto del fertilizante (inorgánico)”.

Todavía peor, afirma, “un uso excesivo e inapropiado del fertilizante ha agotado todavía más los suelos de la zona de Bawku oriental: están prácticamente muertos. Los agricultores no fueron informados de las ventajas e inconvenientes del uso de esa tecnología”.

Críticas similares se han hecho más recientemente en Etiopía donde el programa Sasakawa pedía utilizar más del doble de la cantidad de fertilizante recomendado por la FAO para proyectos en ese país. Esto parece contradecir las afirmaciones del doctor Borlaug de que el proyecto SG 2000 utiliza sólo “cantidades moderadas de fertilizante químico”.

En Ghana, según Ayeh, lo que ha sido crucial para los agricultores no ha sido la estrategia del SG 2000 sino el crédito en forma de fertilizante en el momento preciso; y añade otras críticas como que el personal de extensión recogía los pagos demasiado tarde, esperando a que el agricultor ya no tuviera dinero; se esperaba que los agricultores pagaran a tiempo, incluso aunque hubiera problemas con una cosecha pobre a causa de una climatología desfavorable; las grandes cantidades de maíz cultivado bajo el programa inundaban los mercados en tiempos de cosecha porque los agricultores tenían que pagar los créditos, lo cual provocaba una reducción drástica de los precios.

Más recientemente el consultor de un organismo internacional que visitó Benin informó que el SG 2000 se había visto forzado a comprar todo el maíz híbrido cultivado por los agricultores de prueba debido a que el maíz no podía almacenarse en la granja por ser muy vulnerable a las plagas, las cuales provocan grandes pérdidas postcosecha; por consiguiente la gente rural se negó a comprar el maíz y el único mercado está en las zonas urbanas.

Otro consultor regresó de una misión y criticó duramente las operaciones del SG 2000 en Etiopía donde las parcelas de demostración empezaron siendo 160 en 1993 y el año pasado eran ya 1600.

Según este consultor, aunque los organizadores afirman que se trata de un programa “participativo”, sin embargo “el proyecto es un laboratorio artificial. El SG 2000 selecciona los cultivos y los paquetes técnicos sin la consulta del agricultor, procura los insumos y los suministra a través del agente de extensión, quien se encarga de recuperar el crédito. Los paquetes son altos insumos/altos rendimientos/alto riesgo y provocan que el agricultor dependa de las semillas híbridas importadas (Pioneer) y del fertilizante”.

El programa, concluía el consultor, “no es ni participativo ni sostenible”.

Por supuesto, los problemas que señalan los críticos pueden también considerarse meros “dolores de crecimiento” de un desarrollo en gran escala y de urgente necesidad para conseguir un cambio positivo... el mismo tipo de dolores que sufrió la Revolución Verde original.

“Esa es precisamente la cuestión”, dicen los críticos, “ya hemos cometido esos errores una vez. ¿Por qué hacerlo una segunda?”.