
| Ingeniería económica aplicada a la industria pesquera (1998) |
| 1. PASADO, PRESENTE Y POSIBLE FUTURO DE LA INDUSTRIA PESQUERA |
La tecnología de los productos pesqueros como disciplina, continuará teniendo un importante rol en el desarrollo de las pesquerías. Un cambio profundo está sucediendo en el diseño, operación y administración de las industrias pesqueras debido a la introducción simultánea de los conceptos de aseguramiento de la calidad y gerenciamiento, nuevos equipos y electrónica, el cambio de control manual al control de supervisión por computadora y el uso de robots que utilizan tecnología de visión. Toda la industria pesquera seguramente cambiará en las próximas décadas, algunas de las industrias pesqueras del siglo XXI ya existen, por ejemplo, en Canadá, Dinamarca e Islandia.
Debido a esta evolución, la relación entre tecnología y economía crece y se volverá más importante en el futuro. Por ejemplo, el monitoreo diario de la economía de la producción fue introducido en algunas industrias pesqueras escandinavas alrededor de 1975, el control de la producción por computadora en 1982 y se espera que la simulación en línea para el gerenciamiento del producto se incluirá en las industrias pesqueras líderes en 1995 (Valdimarsson, 1992). Tal desarrollo es imposible sin una estrecha relación entre la tecnología de los productos pesqueros y la economía. Esta relación excede ampliamente la clásica existente entre ambas áreas y comúnmente utilizada en los estudios de inversión, ya que son necesarios parámetros más específicos y precisos (por ej. rendimientos, tiempo, temperatura y dinámica de procesos).
Como las metas del desarrollo son el incremento de los beneficios y la calidad, y simultáneamente la reducción de las pérdidas post-cosecha y del consumo de energía, la industria pesquera en los países en vías de desarrollo, tendrá que adaptarse a ello, a fin de evitar la pérdida de mercados. Hay industrias pesqueras, particularmente en el sudeste asiático (por ej. Tailandia y Malasia) que han iniciado tal evolución con aparente éxito. La evolución de la acuicultura y de las pesquerías de pequeña escala impondrá desafíos adicionales a los tecnólogos del pescado, todos ellos asociados a la economía.
El pescado como alimento, al igual que cualquier otro producto en el mercado, depende de la oferta y la demanda, pero las empresas, particularmente en los países en vías de desarrollo, frecuentemente operan orientadas hacia la oferta, más que hacia la demanda, y esto puede conducir a malas inversiones y a pérdidas económicas.
Como fue analizado en el estudio histórico, el arenque salado y el bacalao salado seco, fueron un mercado sin variaciones en Europa por muchos siglos, hasta que los norteamericanos produjeron pescado congelado durante la segunda parte del siglo XIX, y se generalizó así el uso del hielo para enfriar el pescado. Desde entonces se produjeron muchos cambios, debido a la introducción de nuevas tecnologías (incluyendo métodos de administración) o simplemente al desarrollo de mercados de nuevos productos, y como resultado el mercado pesquero europeo tiene hoy muy poco en común con el de la mitad del siglo XIX. Aunque los cambios en los mercados son visibles y ocurren relativamente rápido, quienes están en la industria pesquera en los países en vías de desarrollo (y algunas veces en los países desarrollados) frecuentemente piensan de un modo casi estático y conservador, lo cual puede también conducirlos a crisis y pérdidas económicas.
Chaston (1983) presenta un buen ejemplo del desarrollo y de la crisis de la industria de la merluza de América del Sur (agravada desde entonces) debido a la falta de información y perspectivas adecuadas de los mercados. Otro ejemplo interesante es la caída de la industria portuguesa de conservas de pescado, habiendo sido una vez la más importante del mundo, debido a la falta de un desarrollo adecuado, tanto técnico como de comercialización.
Recientes estudios de mercado (por ej. Social Trends en el Reino Unido en 1989 y Salmon, 1990) indican que numerosos cambios respecto a la demanda pueden esperarse en los principales mercados de productos pesqueros y alimentos en los próximos años, los cuales pueden resumirse como sigue:
(i) La edad promedio del consumidor, particularmente en los países desarrollados será mayor (variando de 38 a 48 años para los EE.UU. de América para el año 2 000). El consumidor tendrá mayor conciencia y preocupación respecto a los aspectos de la inocuidad, calidad y nutrición. Esta tendencia hacia productos pesqueros más saludables será seguida por los países en vías de desarrollo, probablemente primero en algunos países sudamericanos y asiáticos (incluso China).(ii) Más personas comerán fuera de sus hogares. Esto es debido por ej. al aumento de actividades recreativas y al incremento de mujeres que trabajan fuera del hogar, así como al hecho que la mayoría de las personas en las grandes ciudades almuerzan fuera de sus hogares en los días laborables. Esto implica que los mercados institucionales y de comidas preparadas se incrementarán y los productos tendrán que adaptarse a esos mercados (por ej. tamaño y peso, y tipo de preparación).
Esta tendencia se manifiesta ya en las grandes ciudades de los países en vías de desarrollo (Ciudad de México, Shangai, San Pablo y Lagos) donde millones de personas no regresan a sus hogares para almorzar.
(iii) Se incrementará el número de mujeres que trabajan fuera de sus hogares. En Europa trabajan más del 50% de las mujeres en edad activa. Esto significa que disponen de menos tiempo para cocinar y comprar alimentos, y necesitan más platos congelados preparados y semipreparados (productos con mayor valor agregado). El número de congeladores y hornos de microondas en los hogares aumenta tanto en los países desarrollados como en los países en vías de desarrollo, y probablemente esto desarrollará aún más el mercado de productos pesqueros congelados.
(iv) Actualmente, las personas en los países desarrollados gastan relativamente menos de sus ingresos en alimentación que en el pasado, pero exigen alimentos y servicios de mejor calidad que antes. En general, en los países en vías de desarrollo, los precios de los alimentos están relativamente aumentando y los consumidores esperan mejor calidad y servicio que antes. Esto implica que el uso racional de los recursos y una eficaz administración son esenciales, en general en la industria de los alimentos, y particularmente en la industria pesquera.
El aumento o la disminución de los recursos pesqueros disponibles no necesariamente incrementará los precios del pescado, porque algunos consumidores, y particularmente aquéllos de los mercados institucionales y de comidas preparadas, pueden fácilmente cambiar por productos alternativos. Considerando todas las tendencias, parece que el mercado de productos pesqueros será más segmentado y diversificado en el futuro. La industria pesquera tendrá que adaptarse a esta tendencia para responder a la demanda.
Las grandes industrias pesqueras que producen bienes tipo intermedio (commodities) o que utilizan una sola o pocas especies, o que producen uno solo o pocos productos con bajo valor agregado estarán más expuestas a los cambios imprevistos de los mercados, como le sucedió a la industria latinoamericana de la merluza. En el futuro próximo, una gran proporción de las capturas de pescado se cambiará del área de bienes intermedios hacia productos con mayor valor agregado. Esta tendencia hacia productos con mayor valor agregado (algunas veces llamados de conveniencia) se incrementará con la creciente urbanización en los países desarrollados y en vías de desarrollo. Todos los cambios actuales en el mercado, desafían las situaciones existentes. Al mismo tiempo crean oportunidades de negocios para aquéllos quienes conozcan el mercado y estén en condiciones de utilizar la tecnología y administración apropiadas.
El desarrollo del mercado de pescado fresco, y de los productos pesqueros congelados, depende de la oferta, y en particular de la contribución relativa del pescado de cultivo y silvestre.
La acuicultura es un sector dinámico, pero aún no ha colmado las expectativas, debido sobre todo a los costos de explotación comparativamente altos. En la última década, se observaron mejoras, fundamentalmente en el cultivo de las especies de alto valor comercial, tal como el camarón (Lejano Este y América Latina) y pescados como el salmón, lubina y rodaballo. La crisis de la industria del salmón (1991), cuando en algunos países disminuyeron los precios del salmón fresco de cultivo, al nivel de los precios de la sardina y anchoíta, fue una señal clara de las restricciones comerciales y económicas que los productos de la acuicultura todavía enfrentan en la mayor parte del mundo. El salmón no es el único caso, la lubina de cultivo alcanzó en 1995, sólo la mitad del precio que podía obtener cuatro o cinco años antes de la expansión de la acuicultura de esta especie. También el incremento en la producción acuícola del camarón demostró que los precios disminuyen después de un cierto nivel de producción. En este momento, la acuicultura está lejos de constituir una fuente económica de proteínas para las personas, a pesar del hecho que países como China han logrado resultados muy satisfactorios.
La acuicultura continuará desarrollándose e integrará otras áreas del conocimiento, aparte de la biología, a fin de obtener productos de menor precio comparativo. La acuicultura debe aún resolver problemas que la limitan, como ser el de los alimentos para peces, calidad intrínseca y organización de la actividad, a fin de alcanzar niveles más importantes de producción. Algunos países, con costas apropiadas, agua, clima y acceso a energía y alimento para peces relativamente a bajo costo, tendrán ventajas comparativas, por ej. como es el caso de Chile, respecto al salmón de cultivo.
Existen muchos factores que pueden afectar la evolución de las pesquerías y de la acuicultura. Probablemente el incremento del costo de petróleo, con el consiguiente aumento en el costo de los combustibles, ocasione que los costos de la acuicultura sean más competitivos respecto a los del pescado capturado. No obstante, un incremento en el costo del combustible también afectará los costos del alimento para peces. El costo del combustible en el futuro, podría obstaculizar la pesca a larga distancia, y también de pesquerías que requieren de mucha energía. Por otro lado, por ejemplo, una campaña masiva, continua e inteligente de publicidad, podría incrementar el mercado para las especies de cultivo (por ej. salmón), a fin de superar las limitaciones del mercado existente.
Se estima que, no obstante el desarrollo potencial de la acuicultura, existirá siempre un mercado para el pescado silvestre, para satisfacer los requerimientos de la demanda de especies diferentes, alimentos regionales y tradicionales, platos de alta cocina, etc.
Los productos curados y en conserva seguirán representando una parte importante del mercado, sobre todo en países en vías de desarrollo, donde no existen las cadenas de frío necesarias para la distribución del pescado fresco y congelado. Esta situación cambiará seguramente, en aquellos lugares donde exista un incremento real del nivel de vida. El comercio internacional seguirá muy activo, ya que la demanda no satisfecha crecerá en diversas regiones del mundo, especialmente en Asia y probablemente en Europa Occidental y Oriental. La falta de especies pesqueras de tipo convencional, propiciará la aparición de nuevos productos con mayor valor agregado, y probablemente hará disminuir la cantidad de pescado destinado a reducción. Como ya se ha analizado, en vista de los grandes volúmenes de descarte y pérdidas post-cosecha, se realizarán esfuerzos tendientes a reducirlas (por ej. redes de pesca selectivas) y a aprovechar las especies acompañantes cuya captura no pueda evitarse.
La predicción no es una actividad libre de error, y cualquier predicción basada en la extrapolación de situaciones existentes, o en analogías (por ej. el desarrollo de la acuicultura siguiendo el modelo de la agricultura), no necesariamente resultará correcta. Los autores básicamente coinciden con lo manifestado por Sir Karl Popper (1989, 1994), respecto a que no hay posibilidad de obtener predicciones históricas identificando ritmos, tendencias, modelos o leyes históricas, dado que el futuro es esencialmente abierto. El hombre puede aprender del pasado, siempre que esté preparado para reconocer sus propios errores, y en particular puede mejorar una situación específica si es capaz de identificar qué tipo de actividad es el resultado de un diseño racional y consciente, y cuáles son, en cambio los resultados involuntarios de las acciones humanas (Popper, 1989).
La publicación de FAO (1995) titulada El estado de las pesquerías mundiales y la acuicultura, analiza la situación actual de las mismas, y de este análisis se infiere la posible proyección de la demanda mundial de pescado hasta el año 2010, y el probable escenario pesquero global.