
| IV. CONCLUSIONES |
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La solidez de ambas organizaciones, tanto en el Atlántico como en el Pacífico, se explica en gran medida por la presencia de fuertes lazos parentales. Los mismos brindan a las experiencias una cierta unidad, cohesión, solidez, dinamicidad, etc.
Estos lazos parentales crean una sensación de que desde su puesto, cada uno cumple un papel fundamental, en aras de un bien común, etc. Esta situación genera, a la vez, un cierto sentido de exclusión entre los vecinos que no son cercanos a la organización. La familia significa un nosotros y, en ese sentido, un no nosotros, aspecto que parece fundamental para entender los mecanismos de inclusión-exclusión.
La igualdad ante la ley y el anonimato, en la base de la sociedad moderna, se entremezclan adquiriendo rasgos particulares en nuestras sociedades. El peso de las relaciones de parentesco, asociados normalmente con características de las sociedades tradicionales, se revelan en nuestros países como aspectos clave para comprender la lógica con la que operan muchas organizaciones de la sociedad civil.
Los prejuicios y las anteojeras occidentales debieran hacerse a un lado para poder captar su significado y especificidad. La lectura negativa del hecho ubica la discusión en un plano de la argolla familiar; sin embargo, una lectura menos prejuiciosa nos coloca ante la realidad del peso de las relaciones de parentesco en nuestras sociedades, con su secuela de aciertos y defectos, pero una realidad al fin. Ni peor ni mejor que las asociaciones que se crean por motivos económicos, tan en boga en nuestra sociedad. Ni mejor que las asociaciones profesionales, políticas, etc.
La importancia de este rasgo parental, radica justamente en que nos coloca en presencia de una estructura social que incide de manera consciente y no consciente en el entramado organizacional, ayudando a comprender la dinámica del grupo en cuestión y, dentro de ella, los procesos de innovación.