Cover Image
close this bookCERES No. 154 - Balance de la Revolución Verde: nuevas necesidades, nuevas estrategias (1995)
close this folderDossier
View the documentUna alternativa dentro del sistema
View the documentLa evolución verde
View the documentLa hora de las plantaciones
View the documentEl milagro de los problemas
View the document¿La solución africana o la vuelta al pasado?
View the documentCuando los arboles no dejan ver el bosque
View the documentCosechas del bosque
View the documentLa acción de los arboles

Una alternativa dentro del sistema

La agroecología hace trabajar las sinergias para conseguir “ agroecosistemas” autosuficientes

Por Miguel Altieri

Muchos científicos están hoy de acuerdo en que el modelo agrícola preconizado originalmente por la Revolución Verde afronta una crisis medioambiental. En el Tercer Mundo este modelo no ha aportado mejoras a los pequeños agricultores, ni ha reducido el siempre creciente ciclo vicioso de pobreza rural y degradación ambiental. Tampoco es tan sólo un simple problema de producción o de tecnología, aunque la productividad forma parte del mismo. Lo que requiere atención son las cuestiones sociales, culturales y económicas responsables del subdesarrollo.

Las causas de la crisis medioambiental se encuentran enraizadas de hecho en el propio sistema socioeconómico, que promueve tecnologías de altos insumos y métodos que provocan la erosión de los suelos, la salinización, la contaminación por plaguicidas, la desertificación y la pérdida de la biodiversidad.

Otro síntoma de la crisis es la reducción de los rendimientos debido a las plagas a pesar del abundante uso de plaguicidas. Es bien conocido que las plantas que crecen en monocultivos genéticamente homogéneos a menudo no poseen los mecanismos ecológicos de defensa para tolerar los brotes de las plagas. La Revolución Verde seleccionó cultivos de alto rendimiento y sabrosos, haciéndolos más vulnerables a las enfermedades al sacrificar la resistencia natural en favor de la productividad. Los métodos modernos agrícolas también tienen efectos negativos sobre los enemigos naturales de las plagas que no les va lo suficientemente bien en monocultivos para ser efectivos como agente biológicos de control. Mientras se mantenga el monocultivo como estructura base de los sistemas agrícolas los problemas ocasionados por las plagas continuarán la tendencia negativa que las refuerza ya que los cada vez más vulnerables cultivos exigen medidas de protección de alta tecnología que son también cada vez más destructivas o caras (Figura 1).


Figura 1 - Las consecuencias ecológicas del monocultivo con referencia especial a los problemas ocasionados por las plagas y la espiral agroquímica

El concepto de agricultura sostenible es una respuesta relativamente reciente al descenso de la calidad del recurso base asociado con la agricultura moderna. Aunque polémico y difuso, este concepto es útil porque considera una serie de preocupaciones sobre la agricultura y la concibe como el resultado de la evolución conjunta de los sistemas socioeconómico y natural. El desarrollo agrícola se produce como consecuencia de la compleja interacción de una multitud de factores, y un mayor conocimiento del contexto agrícola requiere el estudio de las relaciones entre los sistemas agrícola, medioambiental y social. Es a través de esta profunda concepción de la ecología de la agricultura que se abrirán las puertas a las nuevas opciones de gestión más a tono con los objetivos de una verdadera agricultura sostenible.

El enfoque de la investigación es todavía hoy demasiado técnico

Un concepto útil

La finalidad es desarrollar agroecosistemas con una dependencia mínima de los altos insumos agroquímicos y energéticos en los que las interacciones ecológicas y la sinergia entre los componentes biológicos ofrezcan los mecanismos que fomenten la propia fertilidad del suelo, la productividad y la protección del cultivo.

Aunque han tenido lugar cientos de proyectos de investigación y experimentos de desarrollo tecnológico, y se han aprendido muchas lecciones, el énfasis de la investigación es todavía hoy demasiado tecnológico, poniendo de relieve por un lado el desarrollo en laboratorio de variedades transgénicas resistentes a los factores de estrés, y por el otro, planteamientos sustitutivos con insumos orgánicos para la agricultura dirigidos a sustituir las técnicas agroquímicas y de altos insumos por tecnologías de bajos insumos con un mayor énfasis ambiental. Estos planteamientos fracasan al afrontar las causas ecológicas de los problemas ambientales en la agricultura moderna, que se encuentran profundamente enraizados en la estructura de monocultivo que predomina en los sistemas de producción en gran escala. Todavía prevalece el estrecho punto de vista de que sólo causas aisladas y específicas afectan a la productividad, y que debe seguir siendo el objetivo principal el superar factores individuales limitados a través de tecnologías alternativas. Este punto de vista ha impedido que los agriculturalistas se den cuenta de que los factores limitados sólo representan los síntomas de una enfermedad mayor sistemática inherente a los agroecosistemas desequilibrados. No aprecia el contexto y la complejidad de los procesos agroecológicos, menospreciando por lo tanto en la base las causas de las limitaciones rurales agrícolas.

En la actualidad la necesidad de incrementar la seguridad alimentaria mientras se conserva el recurso base requiere no sólo cambios profundos en las estrategias de investigación sino también en los planteamientos básicos del desarrollo rural en los que se incluye una verdadera participación del agricultor. Aunque el reto de la producción sostenible es común en todas las regiones del mundo, su intensidad o percepción de la importancia difiere en cada zona dependiendo de los sistemas, si son en gran o pequeña escala, de subsistencia u orientados hacia el mercado, de altos o de bajos insumos... etcétera.

En los sectores comerciales de la agricultura el problema está empezando a verse como manifestaciones de una degradación medioambiental tecnológicamente inducida como consecuencia de una especie de “desarrollo sobresaturado”. En el sector del pequeño agricultor, sin embargo, el “desarrollo” todavía no ha alcanzado a la gran población de agricultores de escasos recursos. Hay una gran necesidad de que el planteamiento de desarrollo agrícola coincida con las necesidades de este sector de la sociedad.

En ambos casos el tema central ha sido el desarrollo de una “tecnología apropiada” capaz de trasladar la productividad potencial a las formas sostenibles de ganarse la vida de todos. Para alcanzar este objetivo se han propuesto distintos esquemas de investigación y desarrollo (sistemas de investigación y extensión agrícolas, análisis y desarrollo de agroecosistemas... etcétera). La mayoría subraya un marco de sistemas de análisis que se centra tanto en los límites biofísicos como en los socioeconómicos de la producción, y que utiliza los agroecosistemas o la región como unidad de análisis.

Estos planteamientos han mejorado la metodología del diagnóstico y han introducido también criterios (por ejemplo, sostenibilidad, igualdad, estabilidad) para evaluar el resultado de los sistemas agrícolas. Nos han permitido un mejor entendimiento, de forma mucho más integral, de la variedad de factores que gobiernan la productividad agrícola y han permitido el desarrollo de nuevas tecnologías, más preocupadas por el medioambiente, para superar estos factores. Sin embargo, al percibir el problema de la sostenibilidad tan sólo como tecnológico, muchos planteamientos limitan su capacidad de comprender por qué los sistemas se dejan de ser no sostenibles.

Una agenda socioeconómica

Es obvio que los nuevos agrosistemas sostenibles no pueden ser puestos en práctica sin modificar las determinantes socioeconómicas que rigen lo que se produce, cómo se produce y quién lo produce. Los planteamientos deben afrontar las cuestiones tecnológicas de forma que asuman el papel correspondiente dentro de una agenda que incorpore las cuestiones sociales y económicas en la estrategia de desarrollo. Sólo políticas y acciones derivadas de este tipo de estrategia pueden hacer frente a la crisis agrícola medioambiental y a la pobreza rural en todo el mundo en desarrollo.

La agroecología va más allá de un punto de vista unidimensional de los agroecosistemas - su genética, su agronomía, etcétera - abarcando un entendimiento de los niveles ecológicos y sociales de la coevolución, estructura y función. La agroecología promueve que los investigadores profundicen en el conocimiento y los métodos de los agricultores además de poner de relieve el ilimitado potencial del “ensamblaje de la biodiversidad” para crear sinergias positivas que otorguen a los agroecosistemas la capacidad de seguir o de volver al estado innato de estabilidad natural. El rendimiento sostenible en el agroecosistema se deriva del equilibrio apropiado de cultivos, suelos, nutrientes, luz solar, humedad y organismos coexistentes. El agroecosistema es productivo y saludable cuando prevalecen las condiciones equilibradas y ricas de crecimiento, y cuando los cultivos son lo suficientemente resistentes como para tolerar el estrés y la adversidad. Los disturbios ocasionales pueden superarse con agroecosistemas vigorosos que se adaptan y diversifican lo suficiente como para recuperarse cuando ha pasado el estrés. De vez en cuando quizá hagan falta medidas duras (por ejemplo, insecticidas botánicos, fertilizantes alternativos) para poder controlar algunas plagas específicas o problemas del suelo. La agroecología ofrece la guía para hacerlo con cuidado sin provocar daños innecesarios o irreparables.


Riego de un campo monocultivado de algodón en el valle Huía de Israel

Foto FAO por U. Keren/Contrasto

Al mismo tiempo que lucha contra las plagas, enfermedades o deficiencias del suelo, el agroecologista busca restaurar la resistencia y fortaleza del agroecosistema en su totalidad. Si se cree que la causa de una enfermedad, plaga o degradación del terreno... ese desequilibrio, entonces el objetivo del tratamiento agroecológico es recuperar el equilibrio. En agroecología, la biodiversificación es la técnica primaria para conseguir la autorregulación y la sostenibilidad.

La agroecología ofrece las herramientas metodológicas para la participación comunitaria

Sin embargo, la salud ecológica no es el único objetivo de la agroecología. De hecho, la sostenibilidad no es posible sin preservar la diversidad cultural que nutre las agriculturas locales. Una mirada más de cerca a la etnociencia (el sistema de conocimiento de un grupo étnico que se ha originado local y naturalmente) ha revelado que el conocimiento autóctono sobre el ambiente, la vegetación, los animales y los suelos puede ser muy específico. El conocimiento del campesino sobre los ecosistemas suele llevar a estrategias de producción de un uso múltiple de la tierra que generarán, dentro de ciertos límites técnicos y ecológicos, la autosuficiencia alimentaria de comunidades de regiones particulares.


El cultivo del té en las colinas de Sri Lanka está mezclado con árboles

Foto de Gustaaf Blaak

El conocimiento tradicional es relevante

Para los agroecologistas son relevantes muchos aspectos de los sistemas de conocimiento tradicional, como el conocimiento de prácticas agrícolas y el ambiente físico, los sistemas biológicos taxonómicos populares, o el uso de tecnologías de bajos insumos. Al entender las cuestiones ecológicas de la agricultura tradicional, como la capacidad de correr riesgos, la eficacia productiva de la mezcla simbiótica de cultivos, el reciclaje de materiales, la confianza en los recursos locales y germoplasma, la explotación de una amplia gama de microambientes... etcétera, es posible obtener importante información que pueda utilizarse para desarrollar la estrategia agrícola apropiada a las necesidades, preferencias y recursos de grupos específicos de campesinos y agroecosistemas regionales.

La producción de productos básicos sólo puede tener lugar en el contexto de una organización social que proteja la integridad de los recursos naturales y nutra la armoniosa interacción de los humanos, el agroecosistema y el medio ambiente. La agroecología ofrece las herramientas metodológicas para que la participación comunitaria se convierta en la fuerza motora que defina los objetivos y actividades de los proyectos de desarrollo. El objetivo es que los campesinos se conviertan en arquitectos y actores de su propio desarrollo.

Desde una perspectiva de gestión, el objetivo agroecológico es ofrecer un ambiente equilibrado, rendimientos sostenibles, fertilidad biológica de los suelos y regulación natural de las plagas a través del diseño de agroecosistemas diversificados y del uso de tecnologías de bajos insumos. La estrategia se basa en principios ecológicos de forma que la gestión lleve a un reciclaje óptimo de los nutrientes y de la producción de materia orgánica, corrientes cerradas de energía, conservación de aguas y suelos, y poblaciones equilibradas de enemigos naturales. La idea es explotar la complementaridad y sinergia resultante de las diversas combinaciones de cultivos, árboles y animales.

El comportamiento óptimo de los agroecosistemas depende del nivel de interacción entre los componentes bióticos y abióticos.


Figura 2 - Esquema de métodos agrícolas alternativos disponibles (modificado después de Coleman, 1989)

Entrelazando la biodiversidad funcional es posible provocar sinergias que, de hecho, subvencionan los procesos del agroecosistema ofreciendo servicios ecológicos como la activación de la biología del suelo, el reciclaje de nutrientes o el incremento de los artrópodos beneficiosos.

En la actualidad existe toda una batería de prácticas y tecnologías con diferentes niveles de efectividad y valor estratégico. Algunas, que incluyen prácticas que ya forman parte de la agricultura convencional (mejoramiento genético, labranza mínima, rotación), son de valor profiláctico, mientras que otras, que son claves, son de naturaleza preventiva y actúan reforzando la “inmunidad” del agroecosistema. Los efectos de muchas de estas prácticas se han probado científicamente y tienden a poseer amplias implicaciones geográficas. Estas tecnologías no subrayan el aumento del rendimiento bajo condiciones óptimas, como lo hacen las de la Revolución Verde, sino que aseguran una producción constante bajo una amplia gama de condiciones de suelo y climatología, especialmente condiciones marginales que por lo general prevalecen en la agricultura en pequeña escala (Figura 2). Lo que es importante, sin embargo, es no centrarse en tecnologías particulares sino en un planteamiento de gestión del agroecosistema que ponga de relieve la diversidad de los cultivos.

La agroecología propone que los principios básicos de un agroecosistema sostenible son las conservación de los recursos renovables, la adaptación del cultivo al ambiente y el mantenimiento de un moderado pero sostenible nivel de productividad. La producción del sistema debe:

1) reducir el uso de la energía y del recurso y regular el insumo energético general de forma que la proporción entre producción/insumo sea alta;

2) reducir la pérdida de nutrientes conteniendo de forma efectiva el lavado, el desagüe y la erosión; y mejorar el reciclaje de los nutrientes a través del fomento del uso de legumbres, abono natural y compuesto entre otros;

3) promover la producción local de alimentos que se adapten al ambiente natural y socioeconómico;

4) sostener la producción neta deseada preservando los recursos naturales (minimizando la degradación de los suelos);

5) reducir los costos y aumentar la eficacia y la viabilidad económica de las granjas medias y pequeñas, promoviendo por lo tanto un sistema agrícola diverso, potencialmente flexible.

Desde un punto de vista de la gestión, los componentes básicos de un agroecosistema sostenible incluyen:

1) la cobertura vegetal como medida efectiva de conservación de suelo y agua, conseguida con métodos distintos de la labranza, agricultura con sustancias orgánicas, plantas protectoras, etcétera;

2) un suministro regular de materia orgánica a través de la adición de abono, compuesto y fomento de la actividad biótica del suelo;

3) mecanismos de reciclaje de nutrientes a través del uso de rotación de cultivos, sistemas de cultivo/ganadería, uso de legumbres, etcétera;

4) asegurar la regulación de enfermedades a través del incremento de la actividad de los agentes biológicos de control, que se logra con la introducción y/o la conservación de los enemigos naturales.


Manejo de plantas protectoras en viñas del centro de Chile

Foto de Miguel Altieri

La Revolución Verde del pasado se concentró en los agricultores de la cima de la pirámide

La integración de componentes

El fin último del diseño agroecológico es integrar los componentes de la granja de forma que se mejore la eficacia biológica general, se preserve la biodiversidad, y se mantengan la productividad del agroecosistema y su capacidad de autorregulación. La idea es diseñar un agroecosistema que imite la estructura y la función del ecosistema natural local, es decir, un sistema con gran diversidad de especies y actividad biológica y conservación de suelos, uno que promueva el reciclaje e impida la pérdida de recursos. Para usar el establo como analogía: los sistemas diseñados de forma agroecológica se caracterizan por una sólida fundación de suelos biológicamente activos que aseguran el reciclaje eficiente de nutrientes (apoyo vertical del establo). La rica biodiversidad (techo) ofrece estabilidad y protección contra la presión ambiental. La cobertura del suelo y la integración de árboles (paredes) y/o animales minimizan la filtración del sistema (Figura 3).

Debido a su planteamiento novel en el desarrollo de la agricultura del campesino, la agroecología ha influenciado en gran medida la investigación y el trabajo de extensión de muchas instituciones y organizaciones de agricultores. Los diferentes ejemplos de programas participativos de desarrollo rural que funcionan en la actualidad en los países en desarrollo sugieren que el proceso de mejora agrícola debe: a) utilizar y promover el conocimiento autóctono y las tecnologías de recurso eficiente; b) poner de relieve el uso de la diversidad agrícola local, incluyendo germoplasma de cultivos indígenas y elementos como la leña y plantas medicinales; y c) realizarse a nivel local con la participación activa de los campesinos.

La evaluación de proyectos en América Latina sugiere que estos métodos representan alternativas importantes, y que los agricultores de subsistencia pueden afrontar, para un uso más eficaz del agua, del manejo medioambiental de plagas, de la conservación efectiva de los suelos y del manejo de la fertilidad (Ceres No 134, págs. 33-39, 1992). En cada país en desarrollo es común encontrar pequeños sistemas agrícolas que varían mucho en lo que respecta a su acceso al capital, a los mercados y las tecnologías (Figura 4). El problema con la Revolución Verde de las pasadas décadas es que se concentró en los agricultores de la cima de la pirámide, esperando que “agricultores progresivos o avanzados” servirían como ejemplo para otros en una especie de proceso de difusión tecnológica “por goteo”.

Al contrario, los agroecologistas ponen de relieve que con la finalidad de que el desarrollo sea integral, de abajo a arriba, debe comenzar con los agricultores de escasos recursos de la parte baja de la pirámide. De esta forma el planteamiento agroecológico ha resultado ser compatible culturalmente ya que se construye sobre el conocimiento agrícola tradicional, combinándolo con elementos de la moderna ciencia agrícola. Las técnicas resultantes también son ecológicas porque no modifican radicalmente, o transforman el ecosistema del campesino, sino que identifican elementos nuevos y/o tradicionales de manejo que, una vez incorporados, llevan a una optimización de la unidad de producción. Poniendo de relieve el uso de recursos disponibles localmente, las tecnologías agroecológicas también se han hecho más viables desde el punto de vista económico.

El Centro de Educación de Tecnología (CET), una ONG chilena, ha aplicado el planteamiento agroecológico para ayudar a que cientos de campesinos mejoren la seguridad alimentaria, la conservación de los recursos y los ingresos. El planteamiento del CET consiste en el establecimiento de numerosos modelos de pequeñas granjas que cumplan eficientemente la mayoría de los requerimientos alimentarios de una familia con escasos recursos. Por lo tanto, cultivos, animales y otros recursos de la granja se combinan en un diseño mixto y rotatorio para obtener el máximo provecho de la producción, el ciclo de nutriente y la protección del cultivo. Se capacita a los agricultores con tierras limitadas en la diversificación de sus granjas con animales, cultivos y árboles, y a rentabilizar al máximo el flujo de los recursos biológicos, las interacciones y las compatibilidades entre los componentes de la granja. Al ayudar a los agricultores en el diseño y en la adopción de un cultivo/pasto rotatorio, que es la clave para romper los ciclos de vida de las enfermedades e incrementar la fertilidad de los suelos, el pasto “carga” el sistema con materia orgánica y nutrientes. Los cultivos constituyen la fase “extractiva”, aunque portan los beneficios de cultivos y residuos de producción, cobertura de suelos, planta cebo, etcétera. La integración animal es fundamental, aunque las razas del ganado se seleccionan cuidadosamente por tamaño y necesidad nutritiva para no saturar la demanda en el pasto. El pasto rotatorio ha resultado ser una forma efectiva para que el ganado disponga siempre de alimento, para permitir un nuevo rápido crecimiento del pasto e incluso para distribuir abono en el campo. Este diseño ha demostrado su efectividad en la isla de Chiloé, en el sur de Chile, donde los niveles de fósforo y de producción de cultivo aumentaron drásticamente tras un cultivo/pasto rotativo, durante seis años, en tierras marginales deficitarias de fósforo. Tras el sexto año, el rendimiento de la papa aumentó el doble y sólo son necesarios para sostener dichos rendimientos la mitad del fertilizante químico y el abono de vaca. Se espera que no sean necesarios insumos externos para mantener niveles aceptables de producción después del tercer ciclo completo de rotación.

Transición de sistemas convencionales

Los agroecosistemas convencionales modernos, que caracterizan mucho del sector comercial agrícola en los países en desarrollo, se basan en el monocultivo. Debido a esta estructura artificial los sistemas carecen de biodiversidad funcional y requieren constantemente insumos externos para rendir. Una preocupación importante en la agricultura sostenible es el mantenimiento y/o incremento de la biodiversidad y el papel que puede jugar en la restauración del equilibrio ecológico de los agroecosistemas y en la consecución de una producción estable. La biodiversidad realiza una variedad de procesos de renovación y servicios ecológicos en los agroecosistemas. Cuando se pierden, el costo puede ser significante.


Figura 3 - La integración de los recursos, los componentes y las funciones de los sistemas agrícolas de uso múltiple

Figura 4 - Elementos técnicos básicos de una estrategia agroecológica


1. Conservación y regeneración de los recursos naturales


2. Gestión de los recursos productivos


3. Ejecución de elementos técnicos

Una estrategia importante en la agricultura sostenible es restaurar la diversidad agrícola en el tiempo y el espacio a través de sistemas alternativos de cultivos, como rotaciones, plantas de protección, intercultivos, o mezclas de cultivo/ganado, que actúan de forma ecológica. Por ejemplo:

rotación de cultivos: la diversidad temporal incorporada en los sistemas de cultivo ofrece nutrientes y rompe los ciclos vitales de muchas plagas de insectos, enfermedades y malas hierbas;

policultivos: complejos sistemas de cultivo en los que se plantan dos o más especies dentro de la suficiente proximidad espacial para que se complementen biológicamente con lo cual se incrementan, por lo tanto, los rendimientos;

sistemas agro forestales: un sistema agrícola donde crecen juntos árboles con cultivos anuales y/o animales, que aumenta las relaciones complementarias entre los componentes, incrementando el uso múltiple del agroecosistema;

plantas protectoras: el uso de grupos puros o mixtos de legumbres, u otras especies anuales de plantas, bajo los árboles frutales con la finalidad de mejorar la fertilidad del suelo, aumenta el control biológico de las plagas y modifica el microclima del huerto;

mezcla cultivo/ganadería: la integración animal en el agroecosistema ayuda a conseguir un aumento de la producción de la biomasa y un óptimo reciclaje.

El proceso de convertir un sistema convencional de producción, que depende en gran medida de insumos sintéticos basados en petróleo, a un sistema gestionado con bajos insumos no es meramente un proceso de retirar los insumos externos, sin que haya que llevar a cabo una sustitución compensatoria o una gestión alternativa.

El proceso de conversión de un manejo convencional de altos insumos a un manejo de bajos insumos externos es un proceso gradual con cuatro fases bien marcadas:

1) la retirada química progresiva;

2) la racionalización y eficiencia del uso agroquímico a través de un manejo integrado de plagas (MIP) y un manejo integrado de nutrientes;

3) la sustitución de insumos, utilizando tecnologías alternativas de bajos insumos energéticos;

4) el rediseño de los sistemas agrícolas de diversificación con una integración óptima cultivo/animal que promueva la sinergia de forma que el sistema pueda sostener la propia fertilidad del suelo, la regulación natural de las plagas y la productividad del cultivo.

Durante estas cuatro fases, la gestión se realiza para asegurar:

1) el aumento de la biodiversidad tanto en la superficie como en el subsuelo;

2) el aumento de la producción de la biomasa y del contenido de materia orgánica del suelo;

3) los niveles decrecientes de residuos de plagas y pérdida de nutrientes y componentes de agua;

4) el establecimiento de relaciones funcionales entre los diversos componentes agrícolas;

5) la planificación óptima de la secuencia del cultivo y la combinación y uso eficaz de los recursos disponibles a nivel local.

El programa de MIP para el arroz iniciado por la FAO en Asia es un ejemplo de un proceso de conversión, en el que la capacitación en la granja del agricultor en vigilancia de plagas y métodos apropiados de cultivo del arroz, permite a los agricultores obtener una reducción significativa del uso de plaguicidas, estableciendo por lo tanto un marco para iniciar la substitución del insumo (por ejemplo, control biológico, fertilización orgánica) para, finalmente, entrar en el diseño de sistemas integrados de producción arrocera que pueden incluir la producción pesquera, la rotación de cultivos y la integración de la ganadería.

El proceso de conversión puede demorar desde uno hasta cinco años, dependiendo del nivel de artificialidad y/o degradación del sistema original de altos insumos. Una cuestión clave en el proceso de transición es mantener el equilibrio económico para poder ayudar a que el agricultor asuma la posible pérdida de ingresos debido a un ligero descenso del rendimiento al principio de la fase de conversión. Quizá serán necesarios incentivos y/o subsidios para algunos agricultores mientras esperan que el nuevo sistema productivo genere las ganancias aseguradas.

Experimentos de campo realizados en el Valle del Aconcagua, en el centro de Chile, muestran que no es inevitable la reducción de los rendimientos al inicio de la fase de transición. Las vides que fueron objeto de conversión con una planta protectora (Vicia atropurpurea) mostraron un aumento de entre un 10 y un 20 por ciento durante los primeros dos años de conversión, y el tamaño y la calidad (porcentaje de azúcar) de las uvas de las parcelas orgánicas era mayor que el de las parcelas convencionales.

La experiencia ha demostrado que en viñedos y huertos las plantas protectoras son un método de diversificación sencillo, pero clave, que provoca profundos cambios ecológicos positivos en el agroecosistema.

Una estrategia agroecológica para conseguir productividad agrícola sostenible combina elementos de técnicas tanto tradicionales como modernas. Pero realísticamente, sin embargo, una estrategia de éxito requiere algo más que una simple modificación o adaptación de los sistemas y tecnologías existentes. Los planteamientos agroecológicos noveles deben estar dirigidos a romper la estructura del monocultivo diseñando sistemas agrícolas integrados como los descritos aquí.

Miguel Altieri trabaja con el Laboratorio de Control Biológico de la Universidad de California en Berkeley, con el Consorcio Latinoamericano sobre Agroecología y Desarrollo (CLADES) y con la Red de Agricultura Sostenible y Extensión (SANE-PNUD).