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Cuando los arboles no dejan ver el bosque

La planificación de la seguridad alimentaria debe tener en cuenta la importante aportación de la silvicultura

Por J. B. Ball, S. Braatz y C. Chandrasekharan

La gente ha utilizado los bosques como fuente de alimento desde tiempos inmemorables, domesticando especies forestales silvestres e interviniendo en la regeneración o cultivo de las plantas preferidas. Los bosques son un componente crucial de la seguridad alimentaria en todo el mundo, no sólo debido a los alimentos que de ellos se obtienen sino también a través del más amplio papel medioambiental que juegan en la conservación del suelo y el agua y por ser un “banco de semillas” natural.

Con todo, su papel suele infravalorarse en los presupuestos nacionales y a menudo no se toma suficientemente en cuenta por las autoridades.

Los bosques son reservas in situ de los parientes silvestres de los cultivos alimentarios. Las “verdaderas” especies forestales que hoy son todavía importantes incluyen a los plátanos, el cacao, la nuez, el café y a muchos árboles frutales como el mango, la papaya y el aguacate, mientras que especies alimentarias importantes de la sabana incluyen el butirospermo (Butyrospermum paradoxum). Algunos productos básicos, como los ñames y los caupíes evolucionaron probablemente en los márgenes forestales. La palmera era una especie forestal y su concentración actual en los bosques húmedos, como los del sureste nigeriano, se debe al apoyo deliberado del hombre, mientras que el arroz silvestre nació en aéreas pantanosas dentro de los bosques.

Los productos forestales han formado parte integral de los sistemas rurales socioeconómicos

La seguridad alimentaria ha sido definida como “el acceso económico y físico a los alimentos en cantidad y calidad adecuadas”. Los árboles y los bosques contribuyen a ello directamente suministrando alimento y forraje. Aunque algunos alimentos derivados de los bosques pueden no ser los más deseados en tiempos buenos, se les aprecia mucho sin embargo en tiempos de escasez, cuando escasean los de otras fuentes.


Tras la cosecha de la palmera en Ghana

Foto de Gustaaf Blaak

La biodiversidad es seguridad alimentaria

Entre las contribuciones indirectas de los bosques a la producción alimentaria se incluyen la mejora de la conservación de los suelos, la fijación del nitrógeno, la protección de las cuencas hidrográficas, la regulación de las corrientes, la rehabilitación de tierras marginales o muy degradadas y el suministro de plaguicidas naturales. Los recursos forestales también pueden jugar un papel crítico en la producción de los ingresos necesarios en los hogares para comprar alimentos además de servir como fuente de energía y medicinas.

Históricamente los productos forestales formaban parte integral de los sistemas socioculturales rurales. Las familias pobres, y aquéllas de zonas productivas marginales o frágiles desde el punto de vista medioambiental, a menudo dependen todavía en gran medida de los alimentos y de otros productos forestales. Los indios kayapo del Amazonas viven sobre todo de las plantas semidomesticadas junto a los caminos, o junto a los campos forestales, que se utilizan para comer, como medicinas, como materiales de construcción, para tintes, como repelentes de insectos... etcétera, y el intercambio de plantas como regalo es un importante mecanismo social.

Aunque raras veces son básicos, los alimentos forestales son muy importantes. En Java los sistemas agroforestales ofrecen más del 40 por ciento del total de las calorías consumidas por algunas comunidades agrícolas, mientras que en Nigeria los tradicionales huertos familiares contienen al menos 60 especies de árboles que ofrecen productos alimenticios. Muchos productos forestales comestibles, utilizados en alimentos preparados y en bebidas, juegan un papel importante en el comercio local de alimentos.

En las zonas forestales de Africa y América Latina la caza suministra la mayoría de la carne que comen los habitantes rurales: en zonas de la sabana venezolana algunos grupos obtienen casi todas sus calorías del forraje. En algunas zonas del Paraguay incluso los que viven en asentamientos agrícolas dedican un cuarto de su tiempo al forraje, mientras que en algunas zonas de la India (Bihar, Orissa, Madhya Pradesh e Himachal Pradesh), el 80 por ciento de los habitantes de los bosques dependen entre un 25 y hasta un 50 por ciento de éstos para cubrir sus necesidades alimentarias anuales.

En zonas remotas donde predominan las economías de subsistencia los productos forestales contribuyen a equilibrar la dieta, complementando los alimentos básicos ricos en almidón, con los carbohidratos como las féculas, la fructosa y otros azúcares solubles, proteínas, grasas y micronutrientes (vitaminas y minerales).

Muchos frutos y bayas son ricos en carbohidratos (fructosa y otros azúcares solubles), en vitaminas (sobre todo vitamina C) y minerales (calcio, magnesio, potasio). Algunos contienen también proteínas, grasas o almidón (como los plátanos o los dátiles). Los zumos de frutas son pobres en proteínas y grasas pero ricos en vitaminas y minerales. Las nueces contienen grasas y carbohidratos. Las castañas (Castanea sativa) han sido desde hace siglos un alimento básico para las familias pobres rurales de las bosques europeos. El butirospermo es la fuente principal de grasa en Africa después del aceite de palma, donde se comen como verdura muchas plantas herbáceas y hojas verdes que son una fuente esencial de vitaminas.

Las reservas de tallos, raíces y tubérculos constituyen a menudo la principal fuente alimentaria de las zonas forestales. Féculas como la palmera de sagú (especies Metroxylon) constituyen la principal fuente energética alimentaria de al menos 300000 personas en Melanesia y otro millón la comen regularmente como parte de su dieta. Los ñames forestales se consumen en Africa, Australia y Asia. El néctar y el polen contribuyen a la producción de miel, constituyendo por lo tanto un elemento indirecto importante de los alimentos locales; las gomas y las savias suministran las proteínas y los minerales; las setas, por su parte, son objeto de una gran consideración en muchas sociedades y a veces se les considera “carne”.


Campesina recolectando frutos en Burkina Faso

Foto FAO por R. Faidutti

Invertebrados como insectos herbáceos, orugas, caracoles y cangrejos constituyen también una fuente alimentaria proveniente de los bosques. Hasta hoy se han identificado 1383 especies de insectos comestibles en todo el mundo. Los insectos, muy eficaces en la conversión de las proteínas vegetales en proteínas animales, son una fuente importante de grasa en algunas zonas. En muchas partes del mundo la caza sigue siendo una importante actividad de subsistencia y la carne de los bosques es una fuente importante de proteínas para las poblaciones rurales y urbanas. En la Amazonia los grupos indígenas que viven cerca de grandes ríos adquieren el 85 por ciento de su dieta proteínica a través de la pesca. Algunas poblaciones consumen varias veces a la semana caracoles y ratas.

El consumo de alimentos es tanto una cuestión social como una necesidad biológica. Las decisiones individuales relativas a la adquisición y al consumo de alimentos raramente se efectúan de forma independiente; éstas suelen guiarse por percepciones culturales, actitudes y creencias locales.

Más allá del bosque

En muchos países en desarrollo entre el 50 y el 80 por ciento del ganado doméstico depende del bosque para obtener el forraje y el pasto. El humus forestal y el pienso verde se utilizan para fertilizar los campos, y el acceso a los bosques para obtener esos productos es importante para muchos cultivadores.

Los bosques y los árboles juegan un papel importante en la protección de la base de los recursos naturales de los que depende la agricultura sostenible. Pueden ayudar a regular las corrientes de los ríos, cuyas aguas riegan los campos agrícolas, contribuyendo a la apropiada gestión de las cuencas. La plantación o gestión de árboles en las tierras agrícolas en los sistemas agroforestales contribuye al mantenimiento de la fertilidad de los suelos.

Donde es necesaria la rehabilitación, las autoridades deben darse cuenta de que las medidas de tratamiento de suelos y plantas son a menudo el método más apropiado para estabilizar colinas en lugar de las estructuras de ingeniería, particularmente en los países en desarrollo. Las actividades forestales fundamentales para la protección y rehabilitación de cuencas incluyen, entre otras, la protección forestal en zonas críticas, métodos de tala de bajo impacto, la repoblación forestal o revegetación, el control de fuegos y la adopción de sistemas agroforestales que reduzcan los riesgos de erosión. Debe recordarse que cuando la gente de las tierras altas pierde sus campos arables debido a la erosión entonces emigran a otras zonas menos dañadas, donde no suelen ser bien recibidos.

La agrosilvicultura ayuda a mantener la fertilidad del suelo al añadir materia orgánica y nutrientes, reduciendo las pérdidas a través de un ciclo nutritivo más cerrado, y mejorando las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo. La agrosilvicultura ofrece una menor dependencia de los insumos agrícolas, que a menudo no se encuentran localmente; ofrece también productos de los árboles madereros y no madereros para uso doméstico o comercial; y proporciona un mejor microclima dando sombra y protegiendo de los vientos.

Algunos sistemas agrosilvícolas muy comunes en los trópicos húmedos son combinaciones de cultivos (por ejemplo, sombra de árboles en el cacao, o intercultivos alimentarios con el cacao), cultivos de plantación (por ejemplo cocos) con ganadería, y huertos familiares o multiplataformes, como los famosos huertos Kandy en Sri Lanka o los Javanés en Indonesia.

En las zonas semiáridas o subhúmedas los sistemas más prometedores consisten en la fijación de la arena de las dunas, rompevientos y cinturones de seguridad, árboles multifuncionales en los campos, sistemas silvopastorales (árboles y arbustos en los campos y/o pastos) y áreas reservadas para producción de combustible o palos. Importantes programas de fijación de dunas de arena se han realizado en Senegal, Mauritania, Marruecos, Níger y China, entre otros, para proteger de forma efectiva zonas agrícolas. Mientras que algunas especies plantadas en tierras de cultivos de zonas semiáridas compiten demasiado con los propios cultivos por los recursos hídricos, algunas especies, como la Faidherbia albida (a.k.a. Acacia albida) en Africa occidental y la Prosopis cineraria en la India, han contribuido a un incremento general de la producción aumentando la fertilidad del suelo.

La agrosilvicultura contribuye sin duda a la seguridad alimentaria y podría hacerlo aún más, mientras que su contribución al medio ambiente puede ser menos evidente, a pesar de que es probablemente más significativa de forma general, que la que da más directamente a través de la producción de alimentos.

Aunque la agrosilvicultura es una práctica antigua en muchos lugares, se trata de una ciencia nueva y todavía queda mucho por aprender sobre la naturaleza de la influencia recíproca entre árboles, cultivos y animales en los diferentes sistemas. Los sistemas agrosilvícolas son complejos por sí mismos y requieren de un adecuado análisis de los factores ecológicos, económicos y sociales, así como de la comprensión de la importancia de todos ellos en la viabilidad de los sistemas. Igualmente, la seguridad alimentaria no puede tratarse de forma aislada sin tener en cuenta cuestiones como la seguridad ambiental, la economía doméstica y la gestión y planificación del uso integrado de la tierra. Los métodos mencionados anteriormente son beneficiosos tanto para zonas productivas como para las más pobres. Por ejemplo, el intercultivo de los árboles de Paulownia con cultivos agrícolas es común en la llanura productiva del norte de China; este sistema se practica ahora en el 59 por ciento de las tierras arables de las provincias de Hebei, Shandong, Henan, Anhui, Shanxi y Jiangsu.


Sistema agroforestal de altos insumos en Kamataka (India) con areca, cacao y café

Foto de Gustaaf Blaak

Combustible y seguridad alimentaria

La madera constituye un elemento muy importante para la seguridad alimentaria en muchos sentidos, principalmente como leña pero también como carbón. Un informe de la FAO de 1980 sobre la situación de la leña en los países en desarrollo señalaba que 2000 millones de personas (o sea el 75 por ciento de la población mundial en desarrollo) dependían de la leña para la energía doméstica, mientras que 100 millones estaban viviendo en una situación de extrema escasez.

La escasez de combustible puede ocasionar que no se cocinen correctamente los alimentos, o que sólo se cocinen una vez al día, o que la gente se vea obligada a depender del vendedor callejero cuyos productos pueden ser menos nutritivos o menos higiénicos. El tiempo empleado en la búsqueda del combustible cuando escasea hace que la mujer, que es quien principalmente se encarga de hacer el fuego y cocinar, se dedique menos al huerto familiar o a otras actividades de índole económica. El suministro de leña también afecta al procesamiento y almacenado de alimentos, por ejemplo donde se ahuma el pescado y se seca para mantenerlo. En Tanzania la escasez de leña alrededor de los pueblos pesqueros del lago Victoria ha llevado a un aumento de los costos que han pagado los consumidores con un precio mayor.

Los bosques generan ingresos y empleo con la recogida o el procesamiento, que suelen realizarse en pequeña escala (a menudo con la fuerza de trabajo familiar), de forma flexible y a menudo estacionalmente. La FAO elaboró en 1989 diversos estudios sobre las actividades de recolección, y uno de los principales es el comercio de leña en la India, donde la mayor parte de quienes trabajan son mujeres. El número de hogares en ese país que participa en esta industria de la leña se encuentra en tomo a los tres o cuatro millones, mientras que en las Filipinas y Pakistán son 830000 y 600000, respectivamente.

Alrededor de 7,5 millones de indios, en su mayor parte mujeres, recogen hojas de Diospyros melanoxylon para envolver cigarrillos, mientras que se calcula que otros tres millones de indios participan en la manufacturación de los cigarros, un sector con un volumen comercial situado en tomo a los 100 millones de dólares anuales. De forma similar, el rotén (junco de Indias) es una industria similar en las Filipinas, Malasia y otros lugares del sureste asiático; el cultivo de la goma arábiga (Acacia senegal) hace recuperar la tierra agrícola y ofrece ingresos a los agricultores del Sudán.

Los estudios de la FAO sobre actividades de procesamiento dividen en tres categorías a las industrias rurales que se basan en leña o combustibles de biomasa: los procesadores de productos agrícolas, los de minerales y los de fabricación de metales. El procesamiento de rotén en muebles, que está muy relacionado con su recolección, ofrece trabajo a casi medio millón de personas en el sureste asiático. Las industrias de procesamiento de productos forestales nutren a importantes mercados de exportación como el rotén, las nueces de Brasil, centros de palmitos, gomas y resinas, miel y cera... etcétera.

Conclusiones

La contribución de los bosques a la seguridad alimentaria puede notarse lejos de su localización geográfica inmediata. Es por lo tanto fundamental que al revisar la Revolución Verde se evalúe la contribución potencial de los árboles y los bosques al aumento de la producción agrícola de la tierra fértil y su papel esencial en las tierras marginales.

Las limitaciones que deben afrontarse incluyen, entre otras, la falta de información, el escaso acceso a las comunidades, la insuficiencia de tecnologías postcosecha, la comercialización pobre, la falta de apoyo institucional y las percepciones inapropiadas del consumidor.

Al elaborar planes de desarrollo rural debe adoptarse un planteamiento integrado para promocionar la gestión de recursos forestales con la finalidad de que contribuyan a la seguridad alimentaria. Este planteamiento debería desarrollarse en función de las necesidades locales y teniendo en cuenta el conocimiento indígena y la investigación científica local.

La mujer suele conocer mejor las plantas alimentarias ya que por lo general se encarga de recogerlas. La gente anciana está normalmente mejor informada en lo que a métodos tradicionales se refiere. La recolección de información y la investigación correspondiente deben realizarse de forma participativa y hay que elaborar, en este sentido, nuevas fórmulas de extensión incorporando la información sobre silvicultura y alimentación.

J. B. Ball, S. Braatz y C. Chandrasekharan pertenecen al Departamento de Montes de la FAO, Roma.