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La evolución verde

Los planes del GCIAI ante el futuro de la Revolución Verde

Por Mike Collinson

El Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (GCIAI) y sus centros internacionales nacieron en Asia al umbral de la explosión demográfica de los años cincuenta y sesenta. Dos centros, el Instituto Internacional de Investigación sobre el Arroz (IRRI) y el Centro internacional de mejoramiento del maíz y del trigo (CIMMYT), son de una etapa anterior, financiada con dinero público, en la que la ciencia se utilizaba para solucionar los problemas del hambre en el Tercer Mundo, un método que fue bautizado con el nombre de Revolución Verde.

El que la gente en todo el mundo aceptara con rapidez los avances médicos provocó un rápido crecimiento de la población, profundos cambios culturales y un incremento de la demanda alimentaria. Los gobiernos resolvieron esta urgente necesidad alimentaria recurriendo a la ciencia moderna.

Aunque la Revolución Verde de los años sesenta tuvo sus primeros éxitos en las tierras bajas de regadío de Asia, ya se ha superado la idea de que su aplicación se limite a ese tipo de campos. Las variedades modernas también alcanzan ahora ambientes menos favorables.

La perspectiva a largo plazo de la Revolución Verde muestra que para 1990 casi el 70 por ciento del área plantada en el mundo en desarrollo con arroz, trigo y maíz albergaba variedades modernas. Sigue siendo cierto, sin embargo, que en las ecologías más frágiles, donde la gente continúa presionando para asegurarse su propia tierra, las innovaciones agrícolas son más complejas y no han conseguido cubrir la creciente demanda alimentaria y las aspiraciones de la gente a una vida mejor.

La Revolución Verde también representó una revolución en la aplicación de la ciencia

No deja de ser paradójico. Donde los agricultores aceptaron con rapidez el nuevo germoplasma de la ciencia el propio cambio amenazó la cohesión social. Donde no aceptaron los nuevos materiales, la cohesión social está amenazada por la incapacidad de hacer frente a la demanda.

La Revolución Verde sigue siendo criticada por algunos sectores. La retórica, incluso 30 años después de su comienzo, la considera algo que ha terminado y - además - que ha sido mala, en lugar de apreciarla como una reacción al problema creado por la innovación médica y por el deseo de la gente de vivir y ver a sus hijos vivir. En realidad fue esencialmente una experiencia de aprendizaje para sus impulsores: gobiernos, comunidades y científicos dentro de una nueva dimensión de la cooperación internacional. No todos los gobiernos han aprendido la lección pero los que participaron reconocen ampliamente el valor de la Revolución Verde. La colaboración mundial hizo posible una rápida acción. El lenguaje común de la ciencia permitió el entendimiento y la interacción a través de las fronteras políticas. La investigación agrícola internacional fue eficaz en la producción de valiosos tipos de plantas para muchos países. La infraestructura, el acceso al mercado y la disponibilidad de los insumos se convirtieron en complementos esenciales para mejorar las variedades en la granja. La investigación agrícola nacional fue una inversión rentable para que los tipos de plantas importados beneficiaran a un número cada vez mayor de comunidades.

Por su parte, los agricultores comprobaron que la mejora de los medios de subsistencia y el aumento de los ingresos les ayudaba a afrontar los cambios culturales, el crecimiento de las familias y que las vidas se prolongaran.

Los científicos, en particular aquéllos inexpertos de los centros internacionales, probablemente fueron los que más aprendieron ya que la Revolución Verde también representó una revolución en la aplicación de la ciencia. Trasladar materiales entre grandes distancias, organizar redes de pruebas con socios nacionales para comparar por todo el país, reconocer lo que atraía de la tecnología a los agricultores... estas lecciones han reflejado en gran medida la forma en que los centros internacionales organizan su investigación.

Mejora del germoplasma

El germoplasma está ahora mucho más localizado; incluso centros mundiales como el CIMMYT se centran en ambientes productivos definidos y el IRRI ha reorganizado completamente sus programas para adecuarse a los ambientes productivos más importantes del arroz.

El germoplasma está desarrollado específicamente para ayudar en la gestión de las bases de recursos más frágiles a los que los agricultores se ven abocados por la presión demográfica: por ejemplo los pastos y el arroz (Centro internacional de agricultura tropical, CIAT) y el maíz (CIMMYT), que son tolerantes a los suelos ácidos y a cultivos como el sorgo, el mijo (Centro internacional de investigación de cultivos para las zonas tropicales, ICRISAT), el trigo, la cebada (Centro internacional de investigación agrícola en las zonas secas, ICARDA) y el maíz (CIMMYT) tolerante a las condiciones secas de ambientes áridos y semiáridos con lluvias inciertas.

El bajo costo, la posibilidad de traslado de las nuevas variedades de plantas, al ser comparadas en términos de rentabilidad económica, y la necesidad de acceso al mercado para comprar plaguicidas cada año han aumentado los trabajos para mejorar la resistencia a las enfermedades y a las plagas en las nuevas variedades.

Hay una creciente toma de conciencia sobre la necesidad de mantener - y en algunos casos mejorarla diversidad con que se introducen los nuevos materiales entre los agricultores. Un mejor entendimiento de la situación de los agricultores pobres ha llevado a una estrategia en la que se incluyen diversas variedades aptas, tanto para los cambios climáticos como para los del mercado, en lugar de insistir en la actitud tradicional de ¡ésta es la variedad que usted debe cultivar!

Los arroces de la Revolución Verde fueron el resultado de un programa intensivo de introducción de material nuevo en la áreas de escasez alimentaria y su débil resistencia a las plagas y a las enfermedades se convertía en grandes pérdidas cuando los nuevos materiales quedaban expuestos a fuertes ataques. El caso de la tolva marrón en Indonesia es probablemente el más conocido. El trigo, por su parte, no fue el resultado de un programa de choque; el CIMMYT ha calculado que el 50 por ciento de su presupuesto para la investigación del trigo fue dedicado a mantenerse por delante de los patógenos mutantes, y era menos vulnerable que los arroces originales de la Revolución Verde. En la actualidad dentro de los materiales nuevos del IRRI se incluye la resistencia a seis o siete de las mayores enfermedades del arroz.

Mucho han conseguido quienes critican el daño causado a la biodiversidad por la introducción de material vegetal basado en la ciencia. En algunos casos la diversidad formaba parte de la agricultura tradicional. La incertidumbre en tomo a la producción ha formado siempre parte del riesgo en la agricultura y en muchas zonas existe, históricamente, una correlación entre la baja producción - y por lo tanto altos precios en el mercado - y los años en que la climatología llevaba a la enfermedad. Los materiales más viejos han demostrado ser mucho menos estables que los nuevos y con la expansión de la reproducción se ha ampliado la diversidad: dos variedades dominaron el trigo original de la Revolución Verde en la India, ahora el NARS (National Agricultural Research Services) de ese país ofrece cada año ocho variedades distintas de trigo para 20 agrosistemas definidos. La historia corre paralela en la acuicultura: las tilapias tienen mucho éxito entre los agricultores asiáticos aunque para su introducción la base genética sea muy reducida. La investigación del ICLARM (Centro internacional para la ordenación de los recursos acuáticos vivos) muestra que los rendimientos pueden mejorarse drásticamente seleccionando simplemente la tilapia de las reservas existentes en Africa.


Variedad de trigo tolerante al calor desarrollada por el CIMMYT en México

Foto CIMMYT por G. Hettel


Oryzica Sabana 6 desarrollado por el CIAT en Colombia

Foto CIAT por Matazul


Frijoles del CIAT en Uganda

Foto CIAT por M. Fischler

Conservando los recursos naturales

Tras casi una década de experiencia con la Revolución Verde se hizo evidente que el tipo correcto de cambio económico y técnico en las mejores tierras aumenta la demanda y el precio de la fuerza de trabajo y, al atraer a gente, preserva las tierras más frágiles. Se considera alto el beneficio que esta presencia humana en las mejores tierras da a la sociedad y al medio ambiente (Hazeel y Ramasamy 1991; David y Otsuka, 1994).

Sin embargo la documentación sobre el estancamiento del rendimiento del trigo y del arroz no en tierras marginales ni frágiles, sino en las de regadío del sur de Asia, ha suscitado algunas dudas sobre esta estrategia.


Cultivo de la variedad de arroz de alto rendimiento IR-8

Foto FAO

Aunque los mejoradores han adaptado con mucho éxito los materiales minúsculos y semiminúsculos originales de la Revolución Verde para beneficiar a una gama más amplia de condiciones de crecimiento, la variedad IR 8 del IRRI, dada a conocer en 1966, continúa siendo la de mayor rendimiento en el sector arrocero.

El IRRI asumió, en un cambio de su estrategia de mejoramiento en los años ochenta con la finalidad de proteger los logros del rendimiento, que el límite del alto rendimiento obtenido con el IR 8 sería sostenible. Esta premisa resultó ser errónea. Usando datos de 20 años sobre el IR 8, Pingali identificó un descenso del rendimiento del 5,17 por ciento al año durante la cosecha de la estación húmeda y de un 5,89 por ciento al año durante la de la estación seca. Un descenso del rendimiento a largo plazo parece ser debido a la degradación del ambiente en los cultivos muy intensivos de arroz y se ha observado un descenso similar, a largo plazo, en centros experimentales de la India, Tailandia e Indonesia.

De la experiencia de la Revolución Verde hemos aprendido, además, que un uso elevado de plaguicidas y fertilizantes causa daños externos a los ecosistemas locales, envenenando la vida en toda la cadena alimentaria. Los nitratos, que no son utilizados ni por las plantas ni son retenidos por los suelos, contaminan las aguas que afectan a otros usuarios.

Pingali identifica tres causas posibles de la degradación de la tierra y de la disminución del rendimiento del arroz: la creciente presión de las enfermedades, el rápido descenso de los micronutrientes del suelo y los cambios en la composición química del terreno, debido tanto a los cultivos intensivos como a un aumento de la dependencia de aguas de riego de baja calidad. Esclarecer la causa es una tarea investigativa primordial. La población de la India, por ejemplo, se duplicará en los próximos 40 años... por lo que el rendimiento del arroz tendrá también que doblarse.

El GCIAI sigue convencido de que los insumos modernos de fertilizantes y plaguicidas serán necesarios para alimentar a las poblaciones, pero al mismo tiempo también está convencido de que tenemos que aprender a utilizarlos mejor. Para ello tenemos que reconocer que existe una variedad de opciones de gestión de agua y suelos, incluyendo sobre todo opciones orgánicas donde el acceso al mercado es débil y reconocer que la eficacia de los materiales de nutrición vegetal reduce el volumen de compra de fertilizantes; que una mejor agronomía debe guiar las decisiones sobre la ubicación y el momento, siendo las cuestiones medioambientales externas un criterio básico de ejecución; mantener un énfasis de mejoramiento en el desarrollo de variedades tolerantes a las enfermedades y plagas para reducir la cantidad de plaguicida necesario; junto a la simple tolerancia de plagas y enfermedades, desarrollar variedades modernas que faciliten la elección de tecnologías de conservación de recursos como, por ejemplo:

· variedades resistentes a las enfermedades causadas por los residuos de los cultivos dejados sobre el terreno como abono;

· variedades que toleren sombras, o una sombra reducida para un mejor crecimiento entre cultivos que ofrezcan una cabina múltiple que rompa la fuerza física de la lluvia y del viento;

· variedades que reduzcan los costos externos por la tolerancia a un herbicida que sea ambientalmente benigno.

El GCIAI ha revisado su mandato para plantear los temas más explícitamente y, en los últimos cinco años, ha empezado a hacer un balance de sus actividades de fitomejoramiento con la investigación en la gestión de recursos naturales en el contexto de una mejora sostenible de la productividad. Asimismo, ha desarrollado un planteamiento ecorregional que examina las interacciones de las decisiones humanas en la granja, en la comunidad, a nivel institucional y a nivel político, sobre suelos, agua y procesos biológicos dentro y fuera de las cuencas naturales.

Un proceso mejor

El GCIAI se encuentra en el proceso de planificar e implementar programas ecorregionales, con socios del NARS, instituciones avanzadas de investigación y organizaciones no gubernamentales, en regiones donde la presión demográfica sea alta y exista una dependencia a largo plazo sobre el potencial agrícola. No es preciso señalar que la prioridad del planteamiento ecorregional es entender los motivos del estancamiento del rendimiento del arroz y del trigo en la llanura del Ganges. El planteamiento ya es en sí mismo una lección de la Revolución Verde que muestra la importancia de la dimensión humana en el éxito de la investigación agrícola.

Al dirigirse a la reunión del GCIAI en Nueva Delhi el pasado mes de mayo de 1994, el Primer Ministro de la India, Shri P. V. Narasimha Rao, puso de relieve la tremenda diversidad existente entre las comunidades de su país y pidió respuestas específicas para los problemas agrícolas a nivel local. En su mensaje captó la esencia de la batalla que está teniendo lugar para desarrollar un proceso de investigación que acepte la importancia de la diversidad humana y que pueda llegar hasta los niveles más bajos de la sociedad y que suponga una solución relevante a los problemas específicos locales.

Ya es ampliamente reconocido que, además del clima, el suelo y la biología, los criterios culturales, sociales y económicos también determinan lo “buena” que es una tecnología. También se reconoce la subjetividad del término “bueno” y que la participación del consumidor, tanto hombres como mujeres, incrementa la probabilidad de generar una tecnología apropiada.

Se entiende que donde la influencia del mercado es débil, como ocurre en las comunidades dominadas por una producción de subsistencia, otros caracteres que no sean los del rendimiento serán particularmente importantes para los agricultores. Estos caracteres se dan tanto como consecuencia de las necesidades de consumo como por los gustos; preferencias por los platos locales, el procesamiento y almacenamiento con las técnicas locales, además del impacto que tiene la tecnología en el uso de la fuerza familiar del trabajo.

El amplio reconocimiento de que las comunidades tradicionales poseen una fuerte generación, diseminación y difusión indígena de los procesos de innovación tecnológica ha venido a través del ITK (Indigenous Technical Knowledge), en el que el Centro Internacional de la Papa (CIP) ha sido especialmente activo a través de sus antropólogos, del FSR (Farming Systems Research), con el IRRI, el CIMMYT, el ICARDA (Centro internacional de investigación agrícola en las zonas secas) y del IITA (Instituto internacional de agricultura tropical) que han participado mucho, y los movimientos PRA (Participatory Rural Appraisal) con un mayor protagonismo del CIAT y el ICLARM (Centro internacional para la ordenación de los recursos acuáticos vivos).

Es un elemento importante el emplear el proceso tradicional del ITK. Utilizando el conocimiento autóctono no se podrá seguir el paso del aumento demográfico; lo sabemos de experiencias pasadas. Sin embargo, entrelazando el proceso de conocimiento autóctono con la ciencia moderna y el sector más formal de investigación se da un proceso investigativo y de desarrollo de “uso amistoso” con las comunidades que lo mueven. El uso de métodos participativos para movilizar procesos autóctonos de generación tecnológica y de difusión requieren de una participación y gastos gubernamentales menores y, al mismo tiempo, se aumenta su efectividad involucrando en el proceso a la comunidad.

La evolución de una interacción eficaz entre los agricultores pequeños y pobres y el proceso de investigación es quizás el resultado más importante de la Revolución Verde y de una participación más amplia de las distintas instituciones, desde las gubernamentales hasta las ONG, en el nexo pobreza/ambiente. Además hay señales, mientras aumenta la presión social, de que los gobiernos están interesados en cambiar sus políticas para movilizar nuevas tecnologías. Se trata de una dimensión que probablemente adquiera una creciente importancia cuando se cuantifiquen mejor dentro del diseño tecnológico los costos sociales y los beneficios de la degradación ambiental.

Sin embargo, para los temas más complejos de los procesos de suelos, agua y biología, el tiempo entre la investigación y la resolución del problema sobre el terreno sigue siendo una falta de compromiso político con la inversión en investigación. Sigue estando por lo tanto en el aire la cuestión de si tanto los donantes como los gobiernos receptores esperan que la ciencia repita su éxito para aumentar el suministro alimentario así como la conservación del suelo, el agua y la biodiversidad a través del próximo milenio.

Mike Collinson es consejero científico del secretariado del GCIAI en Washington.