Cover Image
close this bookScience and Technology in the Transformation of the World (UNU, 1982, 496 pages)
close this folderSession V: From intellectual dependence to creativity
close this folderLa apropiación y la recuperación de las ciencias sociales en el contexto de los proyectos culturales endógenos
close this folderGuillermo Bonfil Batalla
View the documentIntroducción
View the documentI. El problema de la creatividad endógena en ciencias sociales.
View the documentII. Conocimiento social, ciencia e ideología
View the documentIII. La formación de una intelectualidad India contemporánea.
View the documentIV. Notas para un proyecto de desarrollo endógeno de las ciencias sociales.
View the documentNotas

II. Conocimiento social, ciencia e ideología

Toda sociedad posee y emplea un determinado conocimiento sobre si misma y sobre las demás sociedades con las -que está en relación. Este conocimiento le permite a los miembros del grupo normar y justificar su conducta en el seno de la propia sociedad y ante quienes no pertenecen a ella.

Cada sistema conceptual y explicativo de la realidad social incluye los criterios que permiten clasificar en categorías sociales significativas a todos los individuos, -pertenezcan ano al grupo. Al interior del sistema social, el conjunto articulado de categorías sociales reconocidas expresa las atribuciones de quienes integran cada una de ellas y presupone el tipo de relaciones posibles en el conjunto del sistema. El sistema de parentesco, por ejemplo, que a voces es muy complejo, debe ser conocido por cada miembro del grupo en muchas sociedades Indias latinoamericanas, porque es el código que le permite actuar en la forma prescrita en situaciones relevantes de la vida social. Es un código de relaciones sociales que implica derechos y deberes, reciprocidad y así meterías entre quienes participan de él. Los mismo puede decir se de los sistemas de poder, de las formas de organización territorial, de las instituciones de trabajo colectivo y de los especialistas que tienen a su cargo funciones especificase en cada caso hay un conocimiento social que es indispensable para el funcionamiento de la sociedad.

La relación con otras sociedades también esta conceptualizada. En principio, todos los miembros del mismo grupo forman una categoría distinta de la que se asigna a los miembros de otras sociedades. Frecuentemente, en grupos indios latinoamericanos, el término que sirve como autodesignacion significa "los hombres" o "los hombres verdaderos"; los extraños son clasificados en diversas categorías que a veces revelan una ideología etnacéntrica, como en el caso del término "chichimeca", que emplearon los pueblos de habla nahua del centro de México para designar a los grupos nómadas del norte y que tiene una fuerte carga despectiva. Este sistema de cate gorras también codifica el tipo de relaciones previsibles y expresa el conocimiento que se tiene de la posición del grupo en relación con los demás. No se trata de un conocimiento abstracto, sino que es el resultado de una historia concreta.

El conocimiento histérico reviste una importancia particular para muchos pueblos indios latinoamericanos. La -historia no es solamente una secuencia de acontecimientos: es, ante todo, una explicación de la situación presente y el fundamento para la imaginación del futuro. La memoria histórica, el conocimiento del devenir en el tiempo, mezcla frecuentemente el mito y la leyenda con el registro escrupuloso de los hechos pasados. Los puntos nodales de la historia, donde se gestaron los problemas que hoy se viven, reciben siempre una atención preferente. La historia, concebida en estos términos amplios, conforma un sistema implícito o explícito de casualidades, que da cuenta del origen y las razones de los hechos.

Todo este conocimiento sistemático (sobre el cuál no es este el lugar para abundar) es un conocimiento cambiante, dinámico; las nuevas realidades son asimiladas dentro del sistema cognoscitivo. Se trata de un conocimiento acumulativo que tiene una funcionalidad permanente. Los miembros del grupo social recurren a él constantemente para guiar su conducta y entender la de loa otros. Es un conocimiento vivo que se sume te a prueba cotidianamente.

¿Está institucionalizado el conocimiento social entre los pueblos indoamericanos del presente? Al abordar este tema debe recordarse que la dominación colonial arrasó con las instituciones y con los especialistas que existieron, indudablemente, al menos en las sociedades pre-coloniales más avanzadas. El conocimiento social se mantiene hoy en forma di fusa, sin una estructuración explícita y sin que sea fácil - identificar instituciones especialmente dedicadas a su cultivo y enriquecimiento. El reciente surgimiento de organizaciones políticas Indias, sin embargo, esta generando condiciones que estimulan la aparición de una nueva intelectualidad India preocupada por recuperar el conocimiento tradicional en todos los campos y actualizarlo de manera sistematice. Este problema lo discutirá con mentor atención en paginas siguientes.

Hesta ahora he hablado de conocimiento social y he evitado cuidadosamente emplear el termino "ciencia social.. En la tradición occidental el concepto de ciencia tiene una connotación restrictiva y se refiere solamente a un tipo particular de conocimiento que cumple ciertos requisitos (1). El conocimiento científico aspira, por ejemplo, a tener validez universal; es un conocimiento institucionalizado y presupone además una condición especifica: la ciencia reflexiona sobre a! misma y no solo sobre su objeto de conocimiento. En el campó de las ciencias sociales el problema se complica particularmente en lo que se refiere a su validez universal. Es difícil imaginar siquiera un acuerdo absoluto entre los especialistas en ciencias sociales acerca de un conjunto significativa y coherente de verdades científicas en sus respectivos campos de especialización. En ciencias sociales las ideologías se aproximan muy cercanamente al conocimiento científico; para algunos, incluso, es imposible establecer una separación rigurosa: la única manera de prevernirse contra la subjetividad ideologizante sería, precisamente, hacer explícita la - ideología, para que la investigación misma y sus resultados pudieran ser siempre entendidos en relación con ella. Cuando se plantea el problema del conocimiento socia, tradicional, y siempre teniendo como punto de referencia a las sociedades in doamericanas, su relación con la ideología aparece como un - primer problema a resolver. Todo mundo tiene una ideología, pero no todo mundo tiene ni maneja un conocimiento científico.

Se tienda a pensar que las sociedades a las que nos estamos refiriendo viven una etapa pre-científica. Se reconoce, obviamente, que poseen conocimientos; que estos conocimientos son útiles para resolver los problemas inmediatos; - que derivan de la experiencia; que en muchos casos pueden ser válidos, verdaderos; pero que en última instancia no son científicos, porque no reinen los requisitos que definen a ese tipo particular de conocimiento. Y cuando se habla de conocimiento social, se prefiere catalogarlo como ideología, mas - que como ciencia. Si acaso, se admite que pudiera ser una - "ciencia de lo concreto", por contradictorios que parezcan - los términos.

Si lo anterior es cierto, la hipótesis de que es posible y necesario recuperar y desarrollar las ciencias sociales propias cae desde su base por falta de fundamento. En -efecto, si la ciencia es una y universal, no caben ciencias paralelas. Por otra parte, habría que reconocer que el desarrollo de los piases metropolitanos de tradición occidental les ha permitido avanzar en la construcción de la ciencia social y que, en consecuencia, la única estrategia posible serla la de acelerar la transmisión de este conocimiento a las sociedades que no lo han alcanzado por s! mismas. La única di ferencia se daría en el uso de tal conocimiento, en su empleo como arma para la liberación y no como recurso cada vez más sofisticado al servicio de la dominación.

No parece muy útil discutir este tema en términos demasiado abstractos. Hablamos de las ciencias sociales como son hoy y no como deberían ser o, en todo caso, como podrán ser en algún momento indeterminado del futuro. Lo cierto es que las ciencias sociales no han alcanzado el rigor y la universalidad de las ciencias fIsico-matemáticas. Por ejemplo, la indeterminación de los fenómenos en muchos niveles de la realidad social es, para algunos, un dato de la realidad misma, en tanto que para otros es un problema de subdesarrollo de las ciencias sociales. La mayor parte del conocimiento que producen las ciencias sociales es casuística y ni siquiera - pretende tener una validez universal. En tales condiciones -¿qué conocimiento científico transferir a las sociedades que no tienen una ciencia social institucionalizada?

Quisiera relatar brevemente una experiencia personal que a mi manera de ver ilustra el problema. Recientemente dicté un ciclo de conferencias sobre antropología mexicana ante un auditorio formado exclusivamente por estudiantes de origen indio. Quise presentar un panorama esquemático del desarrollo científico de la antropología en mi país en lo que va del siglo. Elegí a varias de las figuras nacionales más representativas en nuestra disciplina y tomé como tema central y común el análisis que cada autor había hecho de la problemática sociocultural de los pueblos indios. En la historia de la antropología mexicana estos autores ocupan un lugar destacado: son los pioneros, los "padres fundadores", los que inicia ron y desarrollaron nuestra propia tradición en ciencias antropológicas (la que algunos han llamado escuela mexicana de antropología). Intenté presentar en que forma cada uno de - ellos había contribuido, en su momento y de acuerdo a lascar constancias, a forjar una tradición científica. Muy pronto, al iniciar el curso, tome conciencia de que estaba hablando ante estudiantes indios: les estaba refiriendo como los habian estudiado a ellos, como los habían conceptualizado, en base a un conocimiento científico. Me sentí totalmente absurdo. Los estudiantes reaccionaban con incredulidad y finalmen te con buen humor, a carcajada limpia. Alguno de ellos pregón tú ¿para qué nos obligan a estudiar estas tonterías?; otro le respondió: aporqué es necesario conocer el pensamiento del enemigo.. El enemigo: estábamos hablando de don Manual Gamio, la figura más respetada de la antropología mexicana, quien in medianamente después de la Revolución de 1910-17, en los años heroicos, participó significativamente en la construcción nacionalista y estudió de manera particular la problemática indigenista. La reacción de los estudiantes indios cuestionaba totalmente las conclusiones de Gamio; pero, ¿sólo sus conclusiones? Porque, a fin de cuentas, éstas se alcanzaron mediante la aplicación de un método científico. Acaso, entonces, lo que se cuestionaba era toda una disciplina, la manera misma de pensar la antropología. Después de todo, la antropología mexicana ha sido el fundamento científico, siempre proclamado, de la político indigenista; una político orientada a la desindianización, es decir a la incorporación de los pueblos indios a la sociedad nacional. Para un grupo de estudiantes indios, el carácter etnocida de los resultados invalidaba necesariamente todo el procedimiento, por rigurosamente cientifico que se reclamara. ¿Es ésta la ciencia social de la que deben apropiarse los pueblos indios?

Por otra parte es cierto que los pueblos dominados, los que han padecido la colonización, tienen de s! mismos y de la sociedad colonizadora una visión fuertemente distorsionada que les ha sido impuesta y que en mayor o menor medida - han interiorizado. Esto, como se sabe, es un requisito del oí den colonial, que busca la hegemonía y no sólo el poder de la fuerza. En términos del problema que estamos discutiendo, esta situación importa en la medida en que mediatiza el conocimiento objetivo de la realidad social. Las ciencias sociales desarrolladas por el colonizador y puestas al servicio del -mantenimientos del orden colonial enmascaran o desconocen sus verdaderos objetivos, su función última; pero dan cuenta de manera sistemática de las características significativas de; las sociedades dominadas y dicen mucho también de la organización y el funcionamiento de la propia sociedad colonizadora. Particularmente este ultimo conocimiento, el que se refiere a la sociedad dominante, permanece inaccesible para los miembros de los pueblos colonizados. Y éste es, sin duda, un cono cimiento Útil, necesario para orientar acertadamente las luchas de liberación.

No son pocos los intelectuales de pueblos colonizados o dominados que han adquirido un entrenamiento en ciencias sociales dentro de la tradición occidental. El dominio de las disciplinas sociales, sin embargo, no se traduce necesariamente en un rescate del conocimiento social tradicional, en una sistematización de las categorías que se encuentran en el universo semántico propio, ni en el desarrollo metódico de un conocimiento de las sociedades dominantes desde la perspectiva de los pueblos sometidos. Con frecuencia se da una adopción acuática de la ciencia social occidental, que se convierte en una óptica nueva pero igualmente ajena y mediatizadora para percibir la realidad social.

Un libro clásico como Facing Mount Kenya, de Jomo Kenyatta, (2) nos revela como puede sistematizarse la experiencia existencial del investigador y como se logra entonces obtener una visión desde adentro, mucho más rica y precisa - qué la que es dable alcanzar por un investigador extraño, por acucioso que éste sea. Con su lectura uno aprende, por ejemplo, que las categorías sociales que emplean los gikuyu para conceptualizar sistemáticamente su realidad social, han sido con frecuencia mal traducidas por los investigadores europeos, al emplear conceptos que tienen una connotación precisa en la tradición de las ciencias sociales occidentales y aplicarlos a realidades parecidas, pero en última instancia diferentes, del universo gikuyu. El instrumental teórico y metodológico de Kenyatta, sin embargo, es también de raigambre occidental; 41 mismo, en algunos momentos, emplea categorías que no corresponden al universo conceptual gikuyu para describir su sociedad y compararla, gruesamente, con las sociedades europeas. Pese a esto, Kenyatta nos ofrece una visión interior de la sociedad gikuyu en la que recupera la memoria individual y colectiva, las experiencias cotidianas, sus vivencias y, ante todo, la percepción de un mundo organizado que es muy diferente al que presentan las versiones de los investigadores extraños. Pero uno no conoce occidente en el libro de Kenyatta: no hay una reflexión sistemática sobre el mundo del colonizador, más allá de las acciones que directamente insiden en el universo gikuyu. Se conocen los efectos, porque se viven; pero no se perciben sus causas, su génesis y las tendencias de las fuerzas que los producen.

Quisiera resumir estas inquietudes desordenadas en los siguientes términos:

1) El conocimiento social científico es un requisito necesario para que los diversos pueblos puedan imaginar y gestionar los proyectos de desarrollo que correspondan a su propia naturaleza histérica;

2) la ciencia social institucionalizada, generada fundamentalmente en occidente, no tiene validez universal ni ofrece las respuestas alternativas que son indispensables;

3) el conocimiento social tradicional se presenta con frecuencia en forma no sistematizada ni institucionalizada y contiene, si acaso, una débil reflexión sobre el proceso mismo de conocimiento;

4) una ciencia social necesaria debería permitir no solamente el conocimiento de la propia sociedad, sino también la comprensión de las sociedades dominantes.