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close this bookGuía de Protección Ambiental Tomo III: Catálogo de Estándares Ambientales (GTZ/BMZ, 1996, 663 pages)
close this folder3. Estándares para intervenciones ambientales
close this folder3.3 Emisión de sustancias gaseosas y polvos
View the document3.3.1 Generalidades
View the document3.3.2 Actividades en los proyectos

3.3.1 Generalidades

Las emisiones de sustancias gaseosas y polvos son generados directa o indirectamente por casi todas las actividades humanas. Debe distinguirse entre:

- emisiones concentradas,
- emisiones difusas,
- polos levantados por el viento y
- emisiones accidentales.

Los proyectos relacionados con fábricas e industrias pueden generar considerables cantidades de emisiones, según el tipo de material que se trabaja, los métodos de procesamiento elegidos y las medidas implementadas para reducir las emisiones. También deben considerarse las emisiones que afectan a las personas en el lugar de trabajo.

En las actividades agropecuarias, por ejemplo, se originan emisiones de gases y/o polvos por el uso de abonos o durante el laboreo del suelo. Las instalaciones de infraestructura ya generan considerables cantidades de emisiones durante la etapa de levantamiento de las obras por las actividades constructivas mismas; y durante la fase de explotación, por la utilización de las instalaciones. En el caso de proyectos de minería y extracción de materia prima, se generan polvos predominantemente por beneficio a cielo abierto, pero también por la carga y descarga de los productos intermedios o por acción del viento que levanta polvillo de los vaciaderos de escombros. Finalmente debe tenerse en cuenta que los asentamientos urbanos, las actividades domésticas y las pequeñas empresas suelen ser, muy a menudo, fuentes de emisión primarias.

Cuando existen estándares de emisión, éstos en general no son definidos en función de la necesidad de proteger al medio ambiente o a la naturaleza, sino según la factibilidad técnica (práctica ingenieril generalmente reconocida, estado de evolución de la técnica) y de las posibilidades de exigir su observancia por parte del sector económico o industrial involucrado (situación económica). Constituyen, por lo tanto, compromisos a nivel político y técnico.

La medición de las emisiones es un proceso complejo que depende de muchas condiciones complementarias. Las principales dificultades residen en el hecho de que la mayoría de las emisiones son de naturaleza difusa y pueden provenir de equipos no encapsulados en talleres y fábricas, de polvo levantado por el viento en los vaciaderos de escombros, etc. Cuando es posible concentrar las emisiones atrapándolas bajo cubiertas, con sistemas de extractores o chimeneas, se facilita la tarea de medición como ocurre, por ejemplo, en las instalaciones blindadas de las fábricas de aluminio o en las chimeneas de los sistemas de calefacción. Las emisiones son de muy distinta naturaleza y por este motivo el trabajo de medición se incrementa en proporción directa con el número de contaminantes a determinar. Cuando se miden los valores de emisión, es fundamental tener en cuenta el estado de las instalaciones y las condiciones ambientales (temperatura, condiciones del viento).

Las técnicas de medición mismas son laboriosas y se están perfeccionando día a día. Las condiciones para la toma de muestras y ciertas influencias perturbadoras afectan considerablemente los resultados de la medición. Las técnicas de medición y los procedimientos recomendados para captar las emisiones de gases y polvos pueden consultarse en diferentes fuentes: cada una describe los procedimientos de medición y los instrumentos de medición a utilizar (Lineamientos Técnicos Aire de la RFA y directivas de la CE). En las publicaciones de la OMS (1990) hallará el lector resúmenes de los métodos que se aplican a nivel internacional.

El nexo entre la emisión y inmisión (deposición) es el cálculo de la difusión y permite determinar/pronosticar cuantitativamente la probable inmisión (deposición), en base a la relación causal existente, desde la emisión hasta la inmisión (deposición) o a partir del modelado de estos fenómenos. Existen diferentes métodos para efectuar el cálculo de la difusión, los que a su vez se basan en diferentes modelos matemáticos. Entre las condiciones complementarias que deben tenerse en cuenta e incorporar a los modelos, se encuentran las siguientes:

- distribución física (espacial) de los focos de emisión,
- cambios temporales de la cantidad y composición de las emisiones,
- condiciones de difusión, así como sus variaciones espaciales y temporales,
- procesos físico-químicos en la atmósfera,
- efectos de deposición, (tamaño de partículas, precipitación).

Las especificaciones para los programas de medición de las emisiones/inmisiones, los instrumentos a utilizar con ese fin y los métodos a aplicar en el procesamiento de los datos son muy estrictos e incluso pueden llegar a recomendar los instrumentos apropiados. En determinados tipos de plantas se exige un monitoreo continuo de las emisiones. En ciertos casos, especialmente en el marco de tramitaciones de autorización, se imponen exigencias más severas aún.

Las emisiones de gases y polvos se reconocen como generadoras de impactos ambientales y, en consecuencia, se están redoblando los esfuerzos para reducirlas. El primer paso consiste, en principio, en la elaboración de criterios que establezcan estándares de emisión para aquellos focos que han sido reconocidos como fuentes primarias de emisión.

Generalmente se establece un plazo para la observancia de estos criterios, transcurrido el cual las autoridades responsables del control y vigilancia pueden exigir su cumplimiento a través de medidas coercitivas.

Las ramas industriales afectadas pueden ajustarse a estos criterios ya sea modificando sus técnicas de procesamiento o aplicando medidas para reducir las emisiones. La industria que desarrolla equipos para el control de emisiones se basa en los recursos técnicos disponibles y en las normas legales en vigencia y puede ofrecer soluciones adecuadas en la mayoría de los casos.

La evolución de las tecnologías para la reducción de emisiones es permanente y se va adaptando continuamente a los nuevos conocimientos. En la medida en que las técnicas lo permiten y resulta deseable, se combinan las medidas de control de las emanaciones con recuperación del material y de la  energía. Los valores límite de emisión se fijan, en la mayoría de los casos, para sustancias o grupos de sustancias individuales que emanan de plantas o emplazamientos determinados.

Los estándares para emisiones se indican como valores límite de masa (mg/m3) para  emisiones gaseosas, como expulsión de  gases tóxicos por unidad de tiempo (kg/h o g/h), o como factores de emisión en función de la masa de los productos fabricados o procesados (kg/t o g/t). No se deben enrarecer las emisiones gaseosas por incorporación de cantidades suplementarias de aire con el objeto de cumplir con los estándares establecidos. En casos aislados, también se dan los estándares de emisión en forma graduada como concentraciones de masa (por ejemplo, 75 mg/m3 a razón de 3 kg/h o más), según el flujo masivo de la sustancia en cuestión.

No se tienen en cuenta las condiciones geoecológicas cuando se definen los valores límite para emisiones; éstos se fijan, por el contrario, según las posibilidades que brindan las técnicas de producción imperantes y el estado de evolución de la tecnología (reglas técnicas comúnmente reconocidas). Sólo en las propuestas para futuros estándares, se consideran posibles mejoras para los procesos de fabricación. Algunos estados consideran las condiciones geoecológicas y meteorológicas así como los niveles de contaminación preexistentes, y lo hacen a través de la creación de zonas protegidas, es decir, zonas de contaminación controlada, en las que deberán regir, por ejemplo, valores límite más bajos cuando se presentan condiciones especiales. Para la instalación de nuevos emprendimientos, la mayoría de los países fija límites más severos (sin reglamentos de transición) que para los antiguos.

La puesta en vigor de estándares para las emisiones también se refleja en la economía; por ejemplo, puede afectar el resultado técnico-económico de toda una rama de la industria o fomentar el surgimiento de un mercado totalmente nuevo de productos para la protección del medio ambiente. Por regla general, cuando los legisladores formulan nuevos estándares, tienen en cuenta si es posible exigir su observancia desde el punto de vista económico-comercial (para toda una rama de la industria, no para una fábrica en particular). En aquellos países en los que no funcionan los órganos de monitoreo y control, puede ocurrir que se instituyan valores límite de prevención y en algunos casos, que se formulen estándares de emisión inadecuados copiados de otros países. Los efectos acumulativos de las emisiones y las condiciones geoecológicas dadas se utilizan para la formulación de valores límite para conservar la pureza del aire o como límites de inmisión, para exigir su cumplimiento.