ALIMENTACION, NUTRICION Y AGRICULTURA 19 1997

ALIMENTACION, NUTRICION Y AGRICULTURA

No. 19 1997

Del hambre a la seguridad alimentaria

Editorial

La nutrición y la seguridad alimentaria familiar en los programas de socorro y rehabilitación agrícolas
E. Muehlhoff y M. Herens

Labores de la FAO en materia de alerta y socorro - PDF13K

La nutrición y la seguridad alimentaria infantiles durante los conflictos armados
A. Hussain y M. Herens

El Comité Internacional de la Cruz Roja afronta los problemas nutricionales de las víctimas de la guerra
A. Mourey

Establecimiento de un sistema de información y cartografía sobre la inseguridad y la vulnerabilidad alimentarias
E. Boutrif

Preparación y aplicación de directrices dietéticas basadas en alimentos
W.D. Clay

Declaración de Olimpia de 1996 sobre nutrición y bienestar físico
A. P. Simopoulos

Libros

Información


Editorial

En los últimos años, las catástrofes tanto naturales como causadas por el hombre han ocasionado enormes sufrimientos humanos y pérdidas de recursos. La posibilidad de que estos hechos invaliden los logros alcanzados hasta ahora en materia de desarrollo y detraigan recursos a los esfuerzos actuales para mejorar la calidad de vida en los países en desarrollo suscita profunda preocupación. Durante la Cumbre Mundial sobre la Alimentación celebrada en Roma en noviembre de 1966, dirigentes de 185 países prestaron particular atención a quienes, a causa de guerras, disturbios civiles y catástrofes naturales, no pueden producir o procurarse alimentos suficientes para una alimentación adecuada, y se comprometieron a esforzarse por prevenir y estar preparados para afrontar emergencias de esta índole, así como por atender las necesidades urgentes de alimentos de maneras que fomenten la recuperación, la rehabilitación y el desarrollo, y fortalezcan la capacidad para satisfacer las necesidades futuras.

La FAO desempeña una función esencial en muchos aspectos de la asistencia humanitaria. Sus evaluaciones de los cultivos y suministros alimentarios alertan sobre situaciones inminentes de escasez. La Organización asesora también a los países sobre estrategias para impulsar la producción agrícola, fomentando la autosuficiencia y el desarrollo sostenible. La FAO envía insumos agrícolas como parte de la asistencia de socorro y rehabilitación y, para que se beneficien de ésta las personas que sufren problemas nutricionales e inseguridad alimentaria, proporciona de modo creciente asesoramiento técnico en materia de nutrición.

En el presente número de Alimentación, Nutrición y Agricultura, se describen métodos de evaluación de situaciones alimentarias para prevenir el hambre y las emergencias alimentarias, incluida una nueva iniciativa de las Naciones Unidas para recoger información y levantar mapas de las zonas vulnerables a la inseguridad alimentaria. También se explican las medidas necesarias para incorporar consideraciones nutricionales en los planes de socorro y rehabilitación agrícolas. Los autores sostienen que la combinación de los conocimientos de las comunidades locales con la asistencia para fortalecer las prácticas de cultivo e impartir educación nutricional a las familias puede mejorar con el tiempo la seguridad alimentaria y el bienestar nutricional de éstas. Se describen los diversos factores que contribuyen a la malnutrición en el curso de las crisis, y se presta especial atención a los sufrimientos de las mujeres y los niños.

En la Declaración de Roma sobre la Seguridad Alimentaria Mundial y el Plan de Acción aprobados en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación se subraya la necesidad urgente de reforzar los vínculos entre las operaciones de socorro y los programas de desarrollo, de manera que las familias puedan cubrir sus necesidades básicas, y se solicita la cooperación entre todos los sectores de la sociedad para llevar a cabo actividades que permitan alcanzar la seguridad alimentaria. Por medio de este número de Alimentación, Nutrición y Agricultura, confiamos en informar a los lectores sobre nuevas estrategias que en nuestra opinión contribuirán a los esfuerzos para liberar del hambre a todas las personas.


Resúmenes
La nutrición y la seguridad alimentaria familiar en los programas de socorro y rehabilitación agrícolas

Las emergencias naturales o de origen humano pueden causar un rápido deterioro de la seguridad alimentaria y tasas altas de malnutrición. La ayuda de socorro no puede restablecer la situación anterior de una zona afectada por el hambre o impedir la inseguridad alimentaria en el futuro, por lo que hay una necesidad imperiosa de vincular desde el principio el socorro a la rehabilitación y el desarrollo sostenible. Las actividades de socorro y rehabilitación agrícolas deben asegurar el acceso de las familias vulnerables a los alimentos y tener en cuenta las necesidades nutricionales de cada persona. Durante una crisis y después de ella, la asistencia alimentaria puede ser una fuente importante de nutrición. Los nutricionistas evalúan si esta ayuda es necesaria y se aseguran de que la composición de los alimentos suministrados es apropiada. La vigilancia nutricional determina qué personas sufren malnutrición y proporciona información para estudiar los efectos de la emergencia y la intervención. La educación nutricional permite a las familias utilizar alimentos poco habituales e influye en la cantidad y el tipo de alimentos que recibe cada persona.

La información sobre los sistemas de cultivo y las condiciones socioeconómicas locales se utiliza para abordar las causas de la inseguridad alimentaria familiar. Junto con las semillas y herramientas, los agricultores adquieren conocimientos nutricionales para elegir los cultivos apropiados. Los agentes de extensión agrícola y de educación nutricional pueden fomentar la diversificación del suministro de alimentos y de la alimentación a nivel local. Gracias a la rehabilitación y al fomento de la agricultura, la ganadería y la pesca, así como a otros programas de generación de empleo e ingresos, es posible mejorar la situación nutricional y la seguridad alimentaria familiar y restablecer la autosuficiencia.

El fortalecimiento de la capacidad nacional y el establecimiento en los organismos gubernamentales de un centro de enlace en materia de nutrición facilitan la colaboración y coordinación entre ministerios, organismos donantes y ONG y hacen que los encargados de la formulación de políticas y la planificación adquieran mayor conciencia de la situación alimentaria y nutricional de los refugiados, las personas desplazadas y la población local. Sólo si la seguridad alimentaria y la nutrición de las familias se integran en las políticas nacionales de socorro y rehabilitación cabrá esperar que las decisiones adoptadas por los órganos responsables se traduzcan en una mejora del estado nutricional de las víctimas de situaciones de emergencia. Hay que reconocer que las estrategias de socorro y rehabilitación que se basan en una clara comprensión de las necesidades, limitaciones y prioridades de la población local afectada por la crisis tienen más probabilidades de culminar con el tiempo en una recuperación sostenible.
Artículo completo disponible en inglés - PDF246K


La nutrición y la seguridad alimentaria infantiles durante los conflictos armados

En el último decenio se estima que 2 millones de niños murieron, 6 millones sufrieron heridas graves o discapacidad permanente, y muchos otros presenciaron conflictos armados o tomaron parte en ellos. Durante estas crisis, un número aún mayor de niños murieron de malnutrición y enfermedades. Las guerras agravan los factores que contribuyen a la malnutrición, como una seguridad alimentaria familiar insuficiente, una alimentación inadecuada, unos servicios sanitarios deficientes, un ambiente insalubre y una asistencia maternoinfantil insatisfactoria.

En situaciones de conflicto los suministros alimentarios de las familias se vuelven sumamente precarios: los bienes e infraestructuras agrícolas y rurales sufren daños, la producción agropecuaria disminuye a causa de la falta de insumos y de servicios de extensión, los sistemas de elaboración, almacenamiento y distribución de alimentos se destruyen y los ingresos bajan mientras que los precios suben. El desplazamiento o muerte de la población rural, su falta de energía para trabajar y el peligro físico a que se expone al trabajar la tierra impiden el cultivo y la recolección de las cosechas y la utilización de pastos y pozos de agua para el ganado.

Los servicios de salud dan prioridad al tratamiento de las secuelas de la guerra, el personal médico se dispersa, y la infraestructura sanitaria y los suministros y equipo médicos se destruyen. El deterioro de los servicios destinados a los niños, como por ejemplo la inmunización preventiva, hace que disminuya la resistencia a las enfermedades infecciosas. El riesgo de infección se ve agravado por los desplazamientos de la población y su concentración en campos de refugiados.

Durante los conflictos, las redes económicas y sociales se quiebran. Para sobrevivir, las personas recogen alimentos silvestres, tratan de conseguir créditos, venden su fuerza de trabajo y reducen el consumo. Cuando los hombres se ausentan, enferman o mueren, las mujeres, para proteger a la familia y obtener ingresos y alimentos, asumen pesadas cargas que pueden poner en peligro su salud. Las madres tienen poco tiempo para amamantar a sus hijos, prepararles alimentos o prestarles atención.

Una intervención eficaz exige información sobre el estado nutricional y la mortalidad, la inseguridad alimentaria familiar, las pautas de morbilidad o la alteración de las prácticas de asistencia. Es necesario integrar programas de alimentación urgente en los planes de socorro o rehabilitación destinados a aumentar la capacidad de recuperación de las familias y las economías rurales. Los programas de asistencia a largo plazo deben ser flexibles y adoptar un enfoque orientado al desarrollo que potencie la capacidad local para atender las necesidades alimentarias de la comunidad. Deberán destinarse más esfuerzos y recursos a resolver conflictos para evitar que se produzcan situaciones de esta índole. Artículo completo disponible en inglés - PDF135K


El Comité Internacional de la Cruz Roja afronta los problemas nutricionales de las víctimas de la guerra

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) actúa como mediador neutral en caso de conflictos armados y disturbios, y trata de asegurar a las víctimas de éstos, por iniciativa propia o basándose en los Convenios de Ginebra, protección y asistencia. El CICR tiene la misión de prevenir y aliviar en cualquier circunstancia los sufrimientos humanos, proteger la vida y la salud de la población y velar por su respeto, y esforzarse por prevenir las enfermedades y fomentar la salud y el bienestar social.

La guerra tiene efectos nocivos sobre todas las fases del ciclo de la alimentación humana, es decir la producción, distribución, adquisición, elaboración, consumo y utilización biológica de los alimentos. La evolución de los conflictos y su multiplicación en los últimos 20 años han obligado al CICR a responder constantemente a los problemas nutricionales de las víctimas de la guerra, adquiriendo a este respecto una competencia integrada en la metodología global para abordar los problemas de salud pública que plantea la guerra.

Las actividades de protección se inspiran en los principios del derecho internacional humanitario. Es urgente prestar asistencia desde el momento en que los medios de subsistencia de las víctimas de la guerra y su autosuficiencia para subvenir a sus necesidades nutricionales se ven amenazados. El concepto de autosuficiencia tiene un significado preciso: las necesidades nutricionales son renovables, puesto que hay que alimentarse todos los días, y por ello es necesario que los recursos que dan acceso a los alimentos sean también renovables, de modo que permitan consumir lo necesario. Cuando una población deja de ser autosuficiente, inicia la etapa crítica del proceso de hambre que la conduce a la indigencia y la malnutrición.

La malnutrición, que constituye el objetivo prioritario de toda la intervención, puede deberse a diversos factores: sequía, epidemia de sarampión, enfermedades diarreicas, especulación económica o guerra, y no es raro que todos estos factores se presenten simultáneamente. Por tanto, un enfoque coherente de la asistencia tendrá por objeto, en la medida de lo posible, abordar en primer lugar la causa del fenómeno, a continuación sus efectos inmediatos sobre el proceso alimentario y por último el síntoma final que es la malnutrición.

Estas medidas son indispensables pero sólo darán resultados satisfactorios si van seguidas de actividades de rehabilitación económica que permitan a la población prescindir de la asistencia. En lo que respecta a la nutrición, el fin primordial es conseguir que las víctimas de la guerra recuperen su autonomía alimentaria. El proceso de rehabilitación comienza con la intervención destinada a mantener los recursos productivos aún existentes, y puede continuar tras el cese de las hostilidades hasta que quede nuevamente asegurada la autonomía.

El CICR distribuye sistemáticamente semillas junto con los socorros humanitarios en las zonas rurales. Aparte de las necesarias consideraciones presupuestarias, se ha observado que los programas de semillas tienen un significado más amplio: al disponer de los medios para controlar su destino, el beneficiario recupera la dignidad que había perdido haciendo cola en los puestos de distribución de alimentos. Si se quiere acabar lo antes posible con la ayuda de urgencia, hay que ir más allá del socorro alimentario y promover la autosuficiencia. Para ello es necesario pasar de un enfoque agronómico a un enfoque económico global de la situación de las víctimas de la guerra, es decir del acceso de una ración básica suficiente al acceso a las actividades económicas que permiten a la población volver a ser o seguir siendo independiente en cuanto a la obtención de alimentos. Sin embargo, este tipo de asistencia depende de unos recursos que empiezan a alcanzar sus límites a escala mundial. Ante los conflictos que estos límites suscitan inexorablemente, la labor de las organizaciones humanitarias resulta inútil y son necesarias medidas de índole muy diferente.
Artículo completo disponible en francés - PDF63K


Establecimiento de un sistema de información y cartografía sobre la inseguridad y la vulnerabilidad alimentarias

Con el fin de que las familias expuestas a la inseguridad alimentaria puedan cubrir sus necesidades alimentarias y nutricionales, se pidió a los gobiernos participantes en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 que establecieran sistemas nacionales de información y cartografía sobre la inseguridad y la vulnerabilidad alimentarias. Estos sistemas indicarán las zonas y poblaciones afectadas por el hambre y la malnutrición o expuestas a ellas, y los factores que contribuyen a la inseguridad alimentaria. El Plan de Acción de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación alentó a los organismos de las Naciones Unidas a que establecieran un sistema de información y cartografía sobre la inseguridad y la vulnerabilidad alimentarias (SICIVA), esfuerzo en el que la FAO desempeñará una función catalizadora.

Como primera medida, en marzo de 1997 se celebró una consulta técnica para examinar el modo en que debía elaborarse el SICIVA. Representantes de organismos internacionales, organizaciones bilaterales y no gubernamentales y expertos independientes estudiaron medios para evaluar el hambre y la malnutrición crónicas y la vulnerabilidad estructural, y determinaron el tipo de información que será esencial para establecer el SICIVA.

Las hojas de balance de alimentos son útiles para evaluar el grado de desnutrición crónica sobre la base de la disponibilidad per cápita y la distribución de alimentos. También es necesaria más información directa sobre la disponibilidad y consumo de alimentos, así como sobre las existencias y el comercio de alimentos, los sueldos y las condiciones del mercado de trabajo a nivel local y subnacional. Pueden ser útiles encuestas nacionales por hogares con datos sobre distribución de ingresos, gastos y consumo, así como información cualitativa sobre los conceptos de inseguridad y vulnerabilidad alimentarias.

Se convino en que debían utilizarse indicadores antropométricos y realizarse comparaciones entre grupos de edades en diferentes momentos y países. Es necesario prestar atención tanto a la desnutrición leve y moderada, con frecuencia asociada con la mortalidad infantil, como a la malnutrición grave. El estado de los adultos debe evaluarse utilizando el índice de masa corporal.

Los factores que contribuyen a la vulnerabilidad difieren entre los países y dentro de éstos; también varía la disponibilidad de datos. Por consiguiente, no es posible establecer un único conjunto de indicadores que se aplique a todos los países en todo momento. Se recomendaron cinco tipos básicos de indicadores: los ingresos y sus fuentes, la producción de alimentos, los precios de éstos, la distribución de los ingresos y el empobrecimiento.

El SICIVA utilizará los sistemas de recopilación de datos existentes e intercambiará información con otros asociados para reducir costos y evitar la duplicación de esfuerzos. Su labor se centrará sobre todo en el establecimiento y consolidación de dependencias nacionales de seguridad alimentaria, especialmente en los países más vulnerables y con menos probabilidades de poder realizar tales operaciones sin ayuda.
Artículo completo disponible en inglés - PDF75K


Preparación y aplicación de directrices dietéticas basadas en alimentos

Las recomendaciones cuantitativas sobre nutrientes, como los aportes dietéticos, las ingestas de nutrientes de referencia y los valores dietéticos de referencia suelen ser difíciles de comprender por el público. Las directrices dietéticas basadas en alimentos son el medio más práctico para ayudar a las personas a alcanzar objetivos nutricionales. En 1995, la FAO y la OMS celebraron en Nicosia (Chipre) una consulta de expertos sobre «Preparación y aplicación de directrices dietéticas basadas en alimentos». Los expertos recomendaron que estas directrices incorporen determinadas preocupaciones nutricionales, y tengan en cuenta los modelos habituales de alimentación, los factores socioeconómicos y culturales y el entorno biológico y físico en el que vive la población. Las directrices deben ser compatibles con las políticas y programas nacionales encaminados a mejorar el suministro de alimentos y la nutrición.

Las cuestiones de salud pública deben determinar la orientación de las directrices dietéticas, las cuales han de combinar el conocimiento de las condiciones locales con principios sólidos derivados de las disciplinas de la nutrición, la educación, la agricultura, la bromatología, la tecnología de los alimentos y las ciencias ambientales, comportamentales y sociales.

Como principio general para elaborar directrices dietéticas basadas en alimentos, los expertos recomendaron que se tomara como base la alimentación total, y no los distintos alimentos. Es necesario que las directrices sean prácticas y que los alimentos o grupos de alimentos recomendados sean asequibles y accesibles para casi toda la población y estén ampliamente disponibles. Las directrices han de ser flexibles para los diferentes grupos de edad, estilos de vida y condiciones fisiológicas. No deben recomendarse cambios radicales en las prácticas alimentarias habituales. Las directrices deben ser positivas y fomentar el goce de los alimentos. Es necesario que sean fáciles de entender y que las agrupaciones de alimentos tengan sentido para el público. Siempre que sea posible se utilizará una terminología basada en los alimentos y se reducirá el número de conceptos enumerados.

Deberá alentarse a representantes de la industria, dirigentes religiosos y comunitarios, dietistas, personal sanitario, representantes de los consumidores, profesores, extensionistas y otras personas a que participen en la preparación de material didáctico para promover la calidad y divulgación de directrices dietéticas basadas en alimentos. Se recomienda el empleo de medios audiovisuales para difundir las directrices. Deberá evaluarse la eficacia de las campañas y programas de educación a través de los medios de comunicación con el fin de determinar su alcance, frecuencia e impacto.
Artículo completo disponible en inglés


Declaración de Olimpia de 1996 sobre nutrición y bienestar fisico

Cada cuatro años, se celebra la Conferencia Internacional sobre Nutrición y Bienestar Físico en Grecia antes de los Juegos Olímpicos. En la conferencia de 1996, un grupo internacional de expertos formuló la Declaración de Olimpia sobre nutrición y bienestar físico, en la que se actualizan los consejos sobre alimentación y ejercicio físico. En la declaración se evalúa el concepto de salud, enunciado por Hipócrates en el año 480 a.C. en relación con el ideal olímpico y la salud de la población mundial. Este concepto, se basaba en la interacción entre los factores hereditarios (hoy día reconocidos como genéticos), la alimentación y la actividad física; en estos factores se funda la salud y la enfermedad. Los factores genéticos determinan el potencial de salud y sensibilidad a las enfermedades de cada persona, y los ambientales la materialización de ese potencial. La nutrición y la actividad física son dos de los factores ambientales más importantes para mantener la salud y el bienestar.

El carácter del individuo está determinado por los genes, factores constitucionales (el sexo, la edad) y factores ambientales (condición socioeconómica, geografía). Dadas las diferencias en cuanto a frecuencia de genes, hábitos alimentarios y nivel de actividad, son inútiles las recomendaciones universales sobre alimentación y actividad física. En cambio, el asesoramiento en materia de salud debe guiarse más bien por la variabilidad genética y la reacción al ejercicio, así como el contexto cultural de los modelos de alimentación y actividad física.

Existe la necesidad de equilibrar el aporte energético con la actividad física. Más de 800 millones de personas presentan una deficiencia energética crónica, mientras que la obesidad es común en muchas sociedades industrializadas. La ingestión de proteínas debe ser apropiada para asegurar un crecimiento y desarrollo normales y para mantener la estructura corporal. Tanto los carbohidratos simples como los complejos aportan energía y fibras. Las grasas son una fuente de energía concentrada. En las poblaciones que padecen de deficiencia energética puede ser necesaria la ingestión de una mayor cantidad de grasas para hacer frente a las necesidades de energía y asegurar la absorción de vitaminas liposolubles. La correción de estas deficiencias de micronutrientes ha de ser objeto de especial atención.

Los niveles bajos de actividad física son más corrientes en los países industrializados y prósperos, pero se están generalizando también en los países en desarrollo. La educación sobre nutrición y actividad física debe adaptarse a cada país y a las diferentes poblaciones y culturas. Niños, adultos y ancianos deben recibir educación sobre los beneficios físicos y psicológicos de un nivel apropiado de nutrición y actividad física.

Gracias al equilibrio energético, a una correcta nutrición y a la actividad física, es posible disminuir la incidencia de enfermedades como la diabetes mellitus, la hipertensión, la osteoporosis, algunos tipos de cáncer, la obesidad y los trastornos cardiovasculares. Es necesario el apoyo de la familia, la comunidad y la sociedad para que las personas cambien su comportamiento. Los sectores público y privado deben coordinar sus esfuerzos para promover la actividad física y una nutrición adecuada durante todo el ciclo vital. En Grecia antigua se había alcanzado un alto nivel de civilización basado en una buena nutrición, una actividad física regular y el desarrollo intelectual. Los hombres, mujeres y niños de hoy pueden imitar este ideal olímpico.
Artículo completo disponible en inglés - PDF94


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