En los últimos años, se viene priorizando la educación ambiental frente a la necesidad de modificar enfoques, actitudes y comportamientos interrelacionados con el medio ambiente, con el fin de diseñar nuevas estrategias de desarrollo integral que incorporen el factor educativo.
Uno de los objetivos de la educación ambiental es hacer comprender la sensible y compleja estructura del entorno en que vivimos y del cual formamos parte, como resultado de la interacción de procesos físicos, biológicos, sociales y culturales.
La atención sobre la Amazonia se centra no sólo en la importancia de sus bosques tropicales y la riqueza de su biodiversidad, sino también en la urgencia de considerarla adecuadamente dentro de los planes de desarrollo nacionales. Esa fragilidad del ecosistema amazónico y la necesidad de preservarlo en las mejores condiciones posibles para beneficio de las generaciones futuras, impone la obligación de ofrecer una educación dentro de un nuevo enfoque de relaciones e influencia del hombre y su entorno.
Se plantean así renovados retos en la tarea de implementar una opción de desarrollo sostenible y un redimensionamiento de las actitudes y valores preexistentes en el contexto de las propias opciones soberanas de desarrollo. La protección y conservación del medio ambiente no pueden ser plenamente alcanzadas sin la mejoría de las condiciones y de calidad de vida de las poblaciones. Estas opciones pasan por la necesidad de lograr una adecuada formación y educación.
Los países amazónicos han emprendido experiencias para integrar esa dimensión en sus planes y programas.
En el Ecuador, a través del Plan de Educación Ambiental para el Occidente de Pichincha; en el Perú, con las acciones realizadas por el Ministerio de Educación en la región Loreto, el Proyecto Especial Binacional Desarrollo Integral de la Cuenca del Rio Putumayo, la Asociación Peruana para la Conservación de la Naturaleza en el Manu y en la selva nor-oriental; en el Brasil, a través de las actividades promovidas por el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (IBAMA) para elaborar un plan nacional de educación ambiental; y en Guyana, mediante el proyecto Iwokrama.
En este contexto, la Comisión Especial de Educación de la Amazonia (CEEDA) creada en diciembre de 1995, constituye un mecanismo fundamental para extender los logros de esas experiencias y coordinar el diseño de planes educacionales apropiados a la realidad de la región. El programa conjunto para promover la educación ambiental a nivel escolar constituye clara intención de los gobiernos de los Países Parte del Tratado de avanzar en este tema.