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close this bookEl Personal Local de Salud y la Comunidad Frente a los Desastres Naturales (WHO)
close this folderCapítulo 4. La acción del PLS
View the documentProblemas de salud después del desastre y organización del PLS
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Salud mental

Las reacciones psicológicas observadas en la mayoría de los desastres pueden clasificarse en tres tipos.

En los primeros minutos que siguen al impacto son raras las reacciones de pánico, que sólo se producen cuando una multitud se ve sorprendida en un lugar cerrado (cine, lugar de culto, etc.). En algunos casos el miedo va acompañado de una reacción de estupor.


Figura

La gente queda paralizada y desorientada, fenómeno que en general dura muy poco tiempo.

En las horas que siguen al impacto se observa, en la mayoría de los casos, una reacción psicológica caracterizada por una gran actividad, por la busca de contacto con los demás y la participación espontánea en los trabajos de socorro. Se allanan los obstáculos burocráticos y políticos y desaparecen también repentinamente las barreras y las defensas psicológicas que caracterizan el comportamiento de las personas reservadas, tímidas. En su lugar se observan de pronto comportamientos caracterizados por la espontaneidad, la solidaridad, el desbordamiento afectivo. Es posible que la claridad de los objetivos elementales en su afán de supervivencia acerque afectivamente a los individuos. Sea cual fuere la razón de esta reacción psicológica positiva, el PLS (que, como es lógico, también la siente) debe conocerla y considerarla como el recurso más valioso para hacer frente a la situación.

Durante los días que siguen, en algunos casos se van implantando progresivamente comportamientos menos activos. Disminuye el estado de excitación y en su lugar puede aparecer cierto desasosiego, que se va transformando en una actitud parecida a una ligera depresión: falta de confianza, cansancio, tristeza, pasividad. Progresivamente, las relaciones se van haciendo duras, competitivas y a veces incluso despiadadas, mientras que reaparecen las barreras, la compartimentación y los conflictos de la vida social ordinaria. Las reacciones de decepción o depresión pueden verse acentuadas por la sospecha de que existen preferencias o privilegios en la distribución de los suministros de socorro. Frente a esta situación, el PLS debe tratar de mantener y estimular todas las iniciativas comunitarias.

Numerosas experiencias realizadas después de una catástrofe, ya sea por el PLS o por voluntarios, ponen de manifiesto que la acción comunitaria influye en el estado psicológico de la población y constituye un medio eficaz de prevenir y combatir el desasosiego y la depresión por reacción. Para el PLS, de hecho, la actividad en pro de la salud mental de la comunidad coincide en gran parte con la capacidad para alentar y favorecer la asociación de diversos grupos a proyectos que persiguen objetivos concretos. Se trata de una capacidad de animación social, indispensable por lo demás para el buen éxito de todo programa de educación sanitaria.

Por lo que se refiere a los trastornos psicológicos, la depresión sigue siendo un riesgo importante que es preciso prevenir. En cambio, no parece que los trastornos mentales preexistentes se agraven de manera especial. Pueden producirse incluso mejorías espontáneas. En cualquier caso, hay que tratar la exclusión o el internamiento de los enfermos mentales y de los discapacitados: el ambiente de solidaridad y el entramado de intensas relaciones afectivas existentes después de un desastre pueden permitir más fácilmente su integración en la comunidad y ser una verdadera psicoterapia.

En muchos casos se señalan insomnios, enuresis en los niños, fenómenos de ansiedad o psicosomáticos (palpitaciones, sudores, ahogos, falsos vértigos, etc.), que a menudo acompañan a las depresiones ligeras. Un fenómeno muy frecuente merece ser citado: durante las semanas, y a veces meses, que siguen a un seísmo particularmente fuerte y que ha provocado grandes daños, se pueden observar inestabilidades y vacilaciones análogas a las que sufren los traumatizados craneales y que, en general, desaparecen espontáneamente al cabo de unos meses.