
| 11. ¿Qué pruebas hay del papel de las auditorías en el mejoramiento de la calidad de la atención obstétrica? |
En el caso de las auditorías basadas en criterios, las personas encargadas de brindar atención se ponen de acuerdo sobre estándares establecidos para criterios explícitos (Crombie et al. 1997, Graham et al. 2000, Bullough & Graham 2000). Estos estándares no sólo incluyen la definición de criterios de buena administración, sino también el acuerdo sobre la medida en que esos criterios deben alcanzarse ( e.g. , el objetivo). Por ejemplo, en un estudio en Escocia, uno de los criterios de buena administración del aborto inducido era “la comprobación del factor Rh de la mujer y la indicación de profilaxis del Rh después del aborto” (Penney et al. 1994). El desempeño se consideraba bueno (es decir, de acuerdo con el objetivo) si más del 90% de los casos satisfacían este criterio. Esto es claramente diferente de las indagaciones confidenciales, en las que las recomendaciones para el mejoramiento se hacen con base en la comprobación de la existencia de “atención por debajo de los estándares”, pero no se establecen criterios específicos para el cambio. De manera similar, otros procesos de revisión, tales como las revisiones de casos individuales, por lo general no especifican estándares de atención claramente definidos y acordados. La hipótesis principal de las auditorías basadas en criterios es que el conocimiento del hecho de que los niveles acordados de atención sean alcanzados, o no lo sean, llevará a cambios específicos en la práctica clínica.
La auditoría basada en criterios implica un proceso de revisión a partir del cual los clínicos se ponen primero de acuerdo sobre una serie de criterios explícitos y realistas de buena calidad, adaptando las indicaciones externas para tomar en cuenta el contexto local de recursos. En vez de ser inclusiva, la lista de criterios debe mantenerse corta y simple para poder ser aplicada. Los criterios se seleccionan con base en su relevancia para el tema auditado, la solidez de la evidencia de la investigación en que se apoya, la facilidad de medición de esa información mediante el uso de los expedientes hospitalarios y la capacidad de las instalaciones en términos de recursos humanos y de otro tipo. Un auditor auxiliar externo revisa un gran número de expedientes para corroborar su adaptación a los criterios establecidos a fin de comparar la práctica en curso con los estándares, y los resultados de la revisión son entregados a los proveedores. Usando la proporción de casos en los que se alcanzan los criterios relevantes como punto de partida para la discusión, se recomiendan mejoras a la atención y se fijan metas realistas. Con la proposición de los cambios necesarios en la atención se cierra el ciclo de auditoría mediante la instrumentación de los cambios y la re-evaluación de la práctica. Las auditorías basadas en criterios diseñadas con cuidado pueden aportar uno de los métodos más eficientes de auditoría (Crombie et al. 1997). La aproximación es relativamente simple y el uso de personal no clínico entrenado para recopilar la información permite la revisión de una gran cantidad de casos representativos. La participación del personal local en la reflexión sobre su práctica en curso y en el establecimiento de estándares parece ser un mecanismo eficaz para producir mejoras en la atención. Incluso los procesos detallados de desarrollo de los criterios pueden ser benéficos, pues enfocan la atención en el tema y aumentan el sentido de propiedad de la auditoría entre los clínicos participantes. Las limitaciones potenciales de esta aproximación incluyen el que los resultados dependen sólo de los expedientes, los cuales tienen que ser de suficiente calidad; la necesidad de la pericia externa (para el análisis de los expedientes y el análisis estadístico), la tendencia a enfocarse de manera preponderante en factores clínicos y, tal vez, su elevado costo.