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close this book02. Callejones sin salida y logros: lecciones de la historia sobre la reducción de la mortalidad materna
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View the documentIntroducción
View the documentPatrones de reducción de la mortalidad materna en occidente
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View the documentTecnología accesible y hospitales confiables
View the documentÉxito o fracaso: combinación de los ingredientes correctos
View the documentProfesionalización de la atención al parto y mortalidad materna en los países en desarrollo
View the documentInformación inadecuada
View the documentEstrategias mal documentadas e ineficaces
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View the documentLa lucha por ganar la batalla de los hospitales
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En busca de una atención profesional accesible

A la comunidad internacional le tomó hasta los años 90 para darse cuenta de que el punto clave es que los partos son mucho más seguros en presencia de asistencia profesional, y que toda mujer embarazada debería tener acceso a un servicio de salud adecuadamente equipado cuando surge un problema serio.

La atención prenatal y el apoyo al parto a cargo de ATP sin una atención obstétrica profesional no pueden tener los mismos resultados. Si la necesidad de una atención obstétrica con posibilidades de referencia se ha vuelto obvia hoy en día, la necesidad de que todos los partos cuenten con asistencia profesional, es decir, atención obstétrica esencial, sólo logra satisfacerse con un apoyo limitado; asimismo, el modelo médico de asistencia sigue privilegiándose claramente por encima de la asistencia por parteras. El resultado final es que algunos países han invertido todo en la institucionalización y la medicalización de los nacimientos. Otros siguen colocando sus esperanzas en la detección prenatal de riesgos y en las ATP. Sólo una minoría está invirtiendo en la atención obstétrica esencial (AOE), al fin recomendada por la OMS. AEO goza de una mayor credibilidad y es aceptada con más facilidad por la comunidad médica que las estrategias APN-ATP de los años 70. Cuando hay recursos suficientes, AEO se expande con rapidez y la mortalidad materna desciende. Presenta además la ventaja de que se traduce con facilidad en una institucionalización y ‘tecnologización' del parto. En Tailandia, por ejemplo, la asociación de parteras dejó de existir a principios de la década de 1990, y la regla ahora es que los partos tengan lugar en los hospitales, en donde 28% de los mismos son cesáreas.

Sin embargo, en países con severas limitaciones en sus recursos, la aplicación de estas estrategias sigue enfrentando problemas mayores. Primero, porque se requiere una inversión enorme de tiempo y dinero para capacitar el número requerido de profesionales: las parteras son escasas, 1 por 300,000 habitantes de acuerdo con una estimación de 1990 (Kwast 1991), especialmente fuera de las capitales. También se requiere una gran inversión de tiempo y dinero para proporcionar las instalaciones de referencia necesarias que puedan complementar una red, aún por crearse, de asistencia profesional a los partos normales. Los recursos para ello no son suficientes. El acceso a la atención entraña también aspectos financieros, culturales y psico-sociales (Jaffré & Prual 1994). Quizá el punto más refractario e importante es la rendición de cuentas por parte de los profesionales en lo que se refiere a la calidad de su trabajo (Nasah 1992, Derveeuw et al. 1999).