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close this book02. Callejones sin salida y logros: lecciones de la historia sobre la reducción de la mortalidad materna
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View the documentResumen
View the documentIntroducción
View the documentPatrones de reducción de la mortalidad materna en occidente
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View the documentTecnología accesible y hospitales confiables
View the documentÉxito o fracaso: combinación de los ingredientes correctos
View the documentProfesionalización de la atención al parto y mortalidad materna en los países en desarrollo
View the documentInformación inadecuada
View the documentEstrategias mal documentadas e ineficaces
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La lucha por ganar la batalla de los hospitales

Históricamente, el concepto de muertes evitables ha hecho posible que los tomadores de decisión se den cuenta de que el problema es vulnerable. La medición de la proporción de mortalidad materna no es suficiente; dicha medición necesita ser complementada con información que abarque la comunidad completa de proveedores de atención materna, y que tenga implicaciones inmediatas de acción local. Actualmente, son varios los métodos que se promueven con tal propósito: la evaluación de las Necesidades Obstétricas No Satisfechas (De Brouwere & Van Lerberghe 1998), la identificación de las muertes prevenibles a través de indagaciones confidenciales (Hibbard et al. 1996, Bouvier-Colle et al. 1995, Cook 1989), auditorias (Filippi et al . 1998), autopsias sistemáticas (Ronsmans 1998, Wessel et al. 1999, Langer 1999). Todos éstos pueden contribuir a generar información con un formato que puede utilizarse para ejercer presión a través de las organizaciones profesionales y el público: presión para la obtención de recursos y la rendición de cuentas.

La profesionalización de la atención al parto es el punto clave. En el modelo sueco, la promoción de la atención al parto precedió al impacto de la tecnología hospitalaria. Podríamos imaginar qué ocurriría si reprodujéramos una secuencia similar: primero, el desarrollo de la atención ambulatoria a cargo de parteras, y sólo después, la atención hospitalaria. Un enfoque así, sin embargo, (i) retendría los beneficios que podrían obtenerse del potencial mutuo de ambos elementos; (ii) no tendría credibilidad política y produciría resultados de manera muy lenta; (iii) colocaría al cuerpo médico en una posición de conflicto, tal como ocurrió en EEUU o en Inglaterra y Gales en la primera mitad del siglo XX. Ganar primero la batalla de los hospitales (acceso a la atención al parto con respaldo de referencias de calidad a cargo de profesionales responsables) es crucial desde un punto de vista estratégico, y es una condición para lograr la colaboración de los médicos en la promoción de las parteras profesionales (acceso a una atención de primer nivel del parto con calidad).

Al revisar los puntos débiles de la salud materna en Marruecos en la década de 1980 y la renuencia a enfrentar la evidencia sobre las dramáticas dimensiones del problema, un formulador clave de políticas observó: “El problema es realmente muy grande, no puede atacarse con un programa, es necesario combatir el sistema completo. Ello requiere una gran cantidad de recursos y, sobre todo, de esfuerzos:” Se requiere así inversiones en capacitación, en redes de atención a la salud, en la transformación del sistema para asegurar el acceso financiero y la rendición de cuentas de los proveedores. Es poco probable que esto ocurra sin la intervención de iniciativas públicas y la presión de la sociedad civil. Pero la misma experiencia de Marruecos muestra que el progreso es posible. Toma tiempo, tal como ocurrió en Suecia y en China, en Sri Lanka y en Cuba. Si los diversos elementos necesarios se colocan en su lugar, ello debería conducir a reducciones significativas y prácticamente irreversibles, incluso cuando los recursos son limitados. La extrapolación de la experiencia histórica y reciente permite afirmar que una reducción de más de 50% en mucho menos de 10 años es algo perfectamente realista; con cerca de 600,000 muertes maternas al año en este momento, valdría la pena intentarlo.