
| 02. Callejones sin salida y logros: lecciones de la historia sobre la reducción de la mortalidad materna |
En Inglaterra y Gales, las mujeres corrieron una mejor suerte que en EEUU. La información sobre el tema había estado disponible desde la primera mitad del siglo XIX. Sin embargo, no fue sino hasta 1930 cuando el concepto de ‘factor primario evitable' se identificó y se organizaron investigaciones confidenciales6 en torno a las muertes maternas (Llewellyn-Jones 1974). Las cosas se aceleraron entonces, y en 1932 el Ministerio de salud envió una misión a Dinamarca, los Países Bajos y Suecia para averiguar cómo es que estos países se las arreglaban para lograr sus bajas proporciones de mortalidad materna (Oakley 1984).
La explicación tenía que ver con la adopción de políticas de parteras. A diferencia de Suecia, Inglaterra y Gales no contaron con una política activa para generalizar y profesionalizar el ejercicio de las parteras antes del siglo XX, pese a que existía información disponible desde antes y las autoridades estaban conscientes del problema. La actividad de las parteras fue regulada en 1902 con una ‘Ley de Parteras'. En comparación con Suecia y otros países con el mismo nivel de conocimientos técnicos, los avances fueron lentos. En parte, esto obedeció ciertamente a la indecisión del gobierno y al hecho de que el financiamiento de las acciones necesarias se dejó a cargo de las autoridades locales, “las que gastaban lo menos posible en la salud materno-infantil” (Loudon 1992a). La competencia feroz entre médicos generales y parteras por ganar participación en el mercado de los partos configuró un financiamiento insuficiente (Mottram 1997). En algunos lugares – Manchester, por ejemplo – los Funcionarios Médicos de la Salud aplicaron la Ley de manera correcta. En el resto de los lugares, hicieron muy poco o nada. En aquellos distritos donde los médicos eran hostiles hacia las parteras, la ley se usó con frecuencia “para acosar a las parteras más que para estimular su mejoramiento” (Donnison 1988).